Ebrard asegura que no puede prohibir las movilizaciones, pues “no está en la ley”.
Alrededor de 35 mil maestros, integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), marcharon a Los Pinos para demandar que se cancele la Alianza por la Calidad de la Educación.
De acuerdo con reportes de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina, la avenida Paseo de la Reforma permaneció parcialmente bloqueada durante nueve horas.
Los maestros, procedentes de 25 entidades de la República, concretaron un paro de labores de 48 horas en Chiapas, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Sonora y Tlaxcala, entre otras entidades; en el Distrito Federal 40 mil escuelas interrumpieron clases, aseguró Francisco Bravo, secretario general de la Sección 9 de la CNTE.
La concentración de los docentes inició ayer a las 8 de la mañana en las inmediaciones de la Secretaría de Educación Pública, ubicada en la calle República de Brasil, donde se llevó a cabo la toma simbólica de las instalaciones.
La SSP-DF desplegó mil 50 policías, los cuales estuvieron apoyados con 110 vehículos y dos helicópteros, encabezados por el subsecretario de Control de Tránsito, Luis Rosales, quien coordinó las acciones desde el Centro de Control Operativo.
El jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, exhortó a las autoridades a resolver de manera pronta las peticiones de los maestros.
Ebrard sostuvo que a pesar de las suposiciones de algunos, de que él puede prohibir marchas, está coadyuvando en este tema de acuerdo con lo establecido en la Ley.
Aseguró que él no puede prohibir marchas porque “no está en la ley”. Lo único que puede hacer, dijo, es “tratar de reducir el impacto vial hasta donde más podamos”.
A la una de la tarde, frente a las vallas metálicas y un grupo de granaderos que resguardaban Los Pinos, líderes de las secciones nueve, 22, 18 y 14 reiteraron sus tres principales demandas: cancelar la alianza por la calidad de la educación, democratizar el sindicalismo magisterial y abrogar la nueva Ley del ISSSTE.
Consideraron a la alianza como un mecanismo para terminar con la estabilidad laboral de los maestros, al querer reducir su desempeño a una evaluación que no refleja el proceso educativo.
También exigieron al gobierno federal dejar de sostener la dirigencia de Elba Esther Gordillo, quien, dijeron, ha demostrado que sus intereses son más políticos que educativos.
Sobre la nueva ley del ISSSTE, explicaron que ha resultado en los hechos un fracaso, porque ninguno de sus objetivos se ha cumplido ni en el ámbito de la seguridad social ni de la atención médica.
El contingente permaneció hasta las seis de la tarde, ya que una comisión de trabajadores de la CNTE se reunió con Alejandro Rojas, coordinador general de Atención Ciudadana de la Presidencia de la República.
Los maestros informaron que hoy se realizará una asamblea para determinar si endurecen las acciones.
Claves
Estados afectados
• Trabajadores de la educación en Guerrero se sumaron al paro laboral de 48 horas convocado por la CNTE y bloquearon durante más de dos horas la carretera federal Acapulco-Zihuatanejo.
• En Oaxaca, profesores de la sección 22 del SNTE efectuó bloqueos por segundo día consecutivo en plazas públicas, además realizó la toma de la caseta de cobro de la Autopista Oaxaca-México.
• La SEP en Chiapas informó que cerca de 10 mil maestros podrían hacerse acreedores a descuentos vía nómina por ausentarse de las aulas durante las marchas que se realizaron en la entidad.
sábado, 4 de febrero de 2012
Nuevo gerente regional de Educación asume el cargo en Arequipa
El flamante gerente dijo que con apoyo de los miembros de la comisión de transferencia trabajarán en la elaboración de la prueba reprogramada para el 12 de febrero.
El próximo 1 de marzo se iniciará el año escolar 2012 en la región Arequipa, pese al retraso del examen para contrato docente, según anuncio hecho por el nuevo titular de la Gerencia Regional de Educación, Pedro Flores Melgar, quien recibió la transferencia del cargo de la renunciante funcionaria Florencia Concha.
El flamante gerente, dijo que con apoyo de los miembros de la comisión de transferencia trabajarán en la elaboración de la prueba reprogramada para el 12 de febrero, debiendo obtenerse los resultados ese mismo día y las plazas serán adjudicadas a los maestros en estricto orden de mérito.
Flores Melgar, que asumió funciones este viernes, contando con el respaldo del Sindicato Único de Trabajadores de Educación del Perú (SUTEP), designará a cinco funcionarios de confianza en la Gerencia Regional de Educación, a fin de alcanzar las metas y objetivos trazados para el examen e inicio del año escolar.
La medida generó malestar en el sindicato de trabajadores, que amenazaron realizar un plantón de protesta el lunes, en rechazo a su designación por el Presidente del Gobierno Regional de Arequipa.
Minedu publica primer reporte informativo por el buen inicio del año escolar 2012
Lima, feb. 04 (ANDINA). Con el objetivo de difundir los avances de la campaña “Por el Buen Inicio del Año Escolar 2012”, cuyo lema es “Cambiemos la Educación: cambiemos todos”, el ministerio de Educación publicó hoy en su portal web institucional el primer Reporte Informativo sobre la campaña.
El sector precisó que este reporte será publicado cada semana para que los padres de familia, docentes y comunidad educativa, estén informados sobre los avances, en relación a la campaña, que realiza el Ministerio de Educación.
La campaña “Por el Buen Inicio del Año Escolar 2012” busca que todos los niños, niñas y adolescentes del país cuenten con maestros contratados oportunamente, textos y materiales educativos distribuidos, aulas seguras, saludables y en buen estado.
La ministra de Educación, Patricia Salas, manifestó en la víspera que este reporte permitirá detallar, qué se ha logrado hasta el momento, en qué se puede mejorar y qué hace falta para lograr los objetivos.
Asimismo, expresó que mediante esta fuente de información, los actores que participan de esta campaña podrán vigilar los procesos y el cumplimiento de las metas.
En el reporte informativo (www.minedu.gob.pe/cambiemoslaeducacion) se encontrará la descripción y etapas de la campaña. Asimismo, se detallan las actividades que se han realizado hasta el momento a favor del Buen Inicio del Año Escolar 2012.
En el trabajo de encontrar vías de coordinación para evitar problemas en el buen inicio del año escolar, se están empleando, también, las redes sociales Facebook y Twitter, en los cuales se informará y se utilizarán como medios de alertas tempranas.
Fidel Castro: Tenemos que apoyar las ideas de Camila Vallejo
"Debemos apoyar las ideas de la joven chilena en el sentido de luchar para que la educación alcance igual para todos".
Así lo señaló el dictador cubano, Fidel Castro al referirse a la estudiante y ex presidenta de la confederación de estudiantes chilenos, Camila Vallejo.
Consultado sobre la ex máxima dirigente de la CONFECH, el hermano del actual jefe del régimen cubano, Raúl Castro, llamó la atención para que "no solo se busque una educación gratuita sino que ésta a su vez, tenga un mejor nivel".
"Ya no hay espacio solo para los intereses nacionales, sino están enmarcados en los intereses mundiales... El deber nuestro es luchar hasta el último minuto, por nuestro país, por nuestro planeta y por la humanidad", declaró el dictador que dejó el cago de jefe supremo de las fuerzas armadas cubanas hace más de un año.
Las declaraciones las realizó durante la presentación de los dos primeros tomos de su biografía, titulada: "Guerrillero del tiempo".
La República.pe
viernes, 3 de febrero de 2012
Cajamarca: Marcha del agua se encuentra en Pacasmayo
Viernes, 03 de Febrero 2012 | 9:37 am
Los marchantes del agua pernoctaron en Ciudad de Dios y hoy esperan arribar a la ciudad de Trujillo en busca de apoyo para oponerse al proyecto Conga.
Mediante su cuenta de twitter, el Presidente Regional de Cajamarca, Gregorio Santos Guerrero, confirmó que los marchantes del agua están haciendo su ingreso a la ciudad liberteña de Pacasmayo.Cajamarca: Marcha del agua se encuentra en Pacasmayo
Ayer un gran número de cajamarquinos despidió a los autodenominados marchantes del agua, liderados por el fundador del partido político de Tierra y Libertad, Marco Arana Zegarra.
De acuerdo al cronograma de actividades, hoy la delegación tiene previsto llegar al mediodía a la ciudad de Trujillo, donde con una actividad cultural, foros y una movilización se buscará que más personas se sumen a la protesta.
Como se recuerda, la marcha del agua se inició desde las lagunas del proyecto minero Conga con una serie de rituales y pagos a la tierra (pachamama) y los organizadores de la marcha pretenden llegar a Lima el próximo 09 de febrero. Allí presentarán iniciativas legislativas para declarar el agua como un derecho humano y también pedir la inviabilidad del proyecto Conga.
Noticias de la región Cajamarca
Ayer un gran número de cajamarquinos despidió a los autodenominados marchantes del agua, liderados por el fundador del partido político de Tierra y Libertad, Marco Arana Zegarra.
De acuerdo al cronograma de actividades, hoy la delegación tiene previsto llegar al mediodía a la ciudad de Trujillo, donde con una actividad cultural, foros y una movilización se buscará que más personas se sumen a la protesta.
Como se recuerda, la marcha del agua se inició desde las lagunas del proyecto minero Conga con una serie de rituales y pagos a la tierra (pachamama) y los organizadores de la marcha pretenden llegar a Lima el próximo 09 de febrero. Allí presentarán iniciativas legislativas para declarar el agua como un derecho humano y también pedir la inviabilidad del proyecto Conga.
Capacitación docente será ahora para todos los profesores del Perú
Decreto Supremo dispone que la evaluación censal ya no será un requisito previo para acceder a estos procesos organizados por el Ministerio de Educación.
Los procesos de capacitación docente, de ahora en adelante, serán para todos los profesores del Perú, sin exclusión alguna, de acuerdo al Decreto Supremo Nro. 005-2012-ED, publicado hoy en El Peruano con la firma del Presidente Ollanta Humala Tasso, y la ministra de Educación, Patricia Salas O’Brien.
La norma, esperada por miles de profesores excluidos en años anteriores de los procesos de capacitación, dispone que la evaluación censal ya no será un requisito previo para acceder a estos procesos organizados y desarrollados por el Ministerio de Educación.
Esta medida, favorece la inclusión de todos los maestros de Educación Básica Regular (EBR) de las escuelas públicas a los procesos de capacitación que se les negó en el pasado por no participar en la evaluación censal y complementarias. El citado Decreto Supremo, dispone la prescindencia de la evaluación censal.
Uno de los siete considerandos de la norma, precisa que es un derecho de todos los profesores de Inicial, Primaria y Secundaria, de los colegios públicos del país, acceder a los procesos de capacitación, especialización y actualización, que eleven los niveles de enseñanza en el país.
Otro recuerda que los docentes que no participaron en la evaluación censal realizada en enero de 2007, ni en la evaluación complementaria de agosto de 2008, fueron excluidos de participar en los programas de capacitación y actualización que organizó posteriormente el Ministerio de Educación.
Colegios no deben condicionar matrícula a este pago, recuerda ministerio
13:40 Pago por Apafas es opcional y no debe exceder los S/. 54.00
Lima, feb. 03 (ANDINA). El pago de la cuota extraordinaria a las Asociaciones de Padres de Familia (Apafa) en los colegios públicos es opcional y no debe exceder los S/. 54.00, informó hoy el Ministerio de Educación, al recordar que la matrícula tampoco debe ser condicionada a dicho pago.
Gabriel Quevedo, abogado de la Comisión de Atención de Denuncias y Reclamos (Cader) de dicho sector, explicó que los padres, incluso están en la libertad de asociarse o no a las Apafas, por lo que sugirió tener en cuenta este aspecto al momento de matricular a sus hijos.
Detalló que, en el marco de la campaña “Por el buen inicio del año escolar”, se pone énfasis en brindar toda la información a los padres de familia sobre el proceso de matrícula en los colegios públicos del país, a fin de que no se dejen sorprender por quienes realizan cobros indebidos.
“Los padres de familia deben conocer todos los derechos que tiene sus hijos, como acceder a una educación gratuita y de calidad. Los condicionamientos de las matrículas a ciertos pagos están prohibidos. La matricula es gratuita”, manifestó Quevedo, en declaraciones a RPP.
Agregó que la matricula escolar tampoco puede ser condicionada a la adquisición de textos escolares, ni a la compra de uniformes, materiales educativos o a la asignación de determinados montos de dinero a manera de donación.
El Cader puso a disposición del público la central telefónica gratuita 0800-13-687 para que los padres de familia o jefes de hogar puedan formular sus denuncias cuando sean víctimas de cobros indebidos en los centros educativos del país.
Las denuncias, quejas o reclamos serán atendidos de lunes a viernes en el horario de 08.00 a 18.30 horas.
jueves, 2 de febrero de 2012
Maestro mexicano Eduardo García Barrios dirigirá a niños y jóvenes
Lima, feb. 02 (ANDINA). Gracias al apoyo del Patronato Peruano de la Música, llegará a Lima el destacado maestro mexicano Eduardo García Barrios, quien dirigirá el jueves 9 a la Orquesta Sinfónica Juvenil del Ministerio de Educación.
Ello, con ocasión del concierto de clausura de la Academia de Verano, donde se contará con la participación de 80 jóvenes músicos de la Red Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles.
García Barrios fue el director titular de la Filarmónica de la Universidad de Lima y dirigió diversas agrupaciones en Estados Unidos, Rusia y Sudamérica; además colaboró con Tito Puente, Arturo Sandoval, El mariachi Vargas y Lila Downs, entre otros.
En el concierto se le rendirá homenaje al compositor Enrique Iturriaga, con la interpretación de su sinfonía Junín y Ayacucho.
El espectáculo se realizará en el teatro Luigi Pirandello, en el distrito de Santa Beatriz a las 19.30 horas.
MINISTERIO DE DEFENSA CREARÁ INSTITUTO TECNOLÓGICO DE LAS FUERZAS ARMADAS
ANDINA.-El Ministerio de Defensa creará un Instituto Tecnológico de las Fuerzas Armadas, para ofrecer a quienes prestan servicio militar una carrera técnico profesional, y constituyó una comisión ejecutiva que se encargue de su implementación.
Este grupo de trabajo estará presidido por el viceministro de Políticas para la Defensa, Wilver Calle Giron; e integrado por el general de brigada Guido Minaya Espinoza, quien se desempeñará como secretario técnico.
Además, por los coroneles Jorge Becerra Noblecilla, Franck Keskleich Cappelletty, y César Cusi Navarro, y la asesora del ministerio, Luisa Vidal Kong, según una resolución ministerial publicada hoy en el boletín de Normas Legales del diario oficial El Peruano.
De acuerdo a uno de los considerandos, con la finalidad de fortalecer el servicio militar y brindar una adecuada educación superior tecnológica al personal del servicio militar, resulta indispensable la creación del citado Instituto.
A través, de otra resolución ministerial, el Ministerio de Defensa constituyó un Comité de Trabajo, encargado de formular el proyecto de inversión pública para la creación e implementación del instituto, que estará a cargo del coronel Becerra Noblecilla.
El dispositivo, que lleva la firma del ministro de Defensa, Alberto Otárola, indica que la Dirección General de Administración en coordinación con la Dirección General de Recursos Humanos, dispondrán las acciones administrativas para asignar al comité el personal requerido para formular el proyecto.
El Comité de Trabajo tendrá como plazo máximo el 30 de junio del 2012 para la formulación y aprobación del proyecto de inversión para la creación e implementación del Instituto Tecnológico de las Fuerzas Armadas.
Secretario del Sutep denuncia errores en reasignación de plazas
El recorte del cronograma en el proceso de reasignación de plazas para docentes ha originado una serie de errores técnicos en la calificación según reveló el secretario provincial del Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación Peruana (Sutep), Julio Chirinos Bancayán quien señaló que esto se ha generado luego que el Ministerio de Educación emitiera la resolución 0600.
El dirigente manifestó que el poco personal para la revisión de los más de 900 expedientes propició la comisión de errores en la evaluación. Asimismo, sostuvo que la designación de directores depositados en la gerencia de educación para cubrir al escaso personal conllevó a las falencias en la revisión de expedientes.
Del mismo modo, Julio Chirinos espera que en marzo se realice el proceso de reasignación, pues la resolución 1174 del Ministerio de educación determina estos plazos.
De otro lado, el dirigente cuestionó la designación de Edilberto Bardales como gerente regional de educación por tener un proceso administrativo del cual informó fue absuelto.
http://www.elinformante.pe/index.php?menu=ver_not.php&nt=2037
MARCHA DE LOS CANTAROS EN CAJAMARCA
JUEVES 02 DE FEBRERO 2012
8AM CONCENTRACION EN EL ARCO DEL TRIUNFO
10 AM SALIDA HASTA AYLAMBO
DEFIENDE TU AGUA
DEFIENDE LA DIGNIDAD DE CAJAMARCA
SIN AGUA NO HAY VIDA
SIN AGUA NO HAY AGRICULTURA
SIN AGUA NO HAY CARNAVALES
¡CONGA NO VA!
GRAN MARCHA POR LA DEFENSA DEL AGUA
1ro al 10 de febrero 2012
DECLARACION DE LOS CAMINANTES DE LA MARCHA DEL AGUA
Perú, 1 al 10 de Febrero de 2012
Los ciudadanos y ciudadanas que nos aprestamos a participar de la Marcha Nacional por la Defensa de las Aguas, partiendo desde las lagunas de Conga en Cajamarca hasta la ciudad de Lima en los próximos días, declaramos:
1. Que nuestra marcha está animada por un espíritu pacifista y por tanto rechazamos la presencia e intromisión que pudiera haber de grupos políticos violentistas, delincuentes comunes o personas que pretendieran infiltrarse para desvirtuar nuestra movilización o intentaran aprovecharse de la legitimidad y justeza de la misma.
2. Que los objetivos de la Marcha del Agua son plenamente sociales y ecológicos: la defensa de las aguas y de la Madre Tierra, la prohibición de la minería en zonas de recarga hídrica en cuencas altas, medias y bajas; la prohibición de la minería de cianuro y mercurio, el derecho a la consulta previa a los pueblos, la defensa de la ordenanza 036 que declara la inviabilidad del proyecto Minas Conga.
3. Que convocamos al apoyo de los gremios, organizaciones sociales y de partidos políticos democráticos, siempre y cuando sean de apoyo desinteresado, más no así de manipulación o utilización de la marcha para sus fines políticos o particulares.
4. Que entre los caminantes del agua está prohibido portar armas así como hacer uso de bebidas alcohólicas y cualquier otro tipo de drogas.
Cada caminante de la Marcha del Agua cuidará que estos principios sean respetados, y serán las rondas campesinas y urbanas que participan en la Marcha las que disponen de plena autoridad y mandato para expulsar de entre nuestras filas a los que transgredan estas normas.
Los caminantes que han sido previamente identificados e inscritos en el registro del Comité Unitario de Lucha por la Defensa de las Aguas, acatan a cabalidad el cumplimiento de esta declaración, desde el inicio hasta el final de la Marcha del Agua.
Cajamarca, 28 de Enero 2012.
www.caballeroredverde.blogspot.com
lunes, 30 de enero de 2012
MOVILIZACIÓN MAGISTERIAL Y DE LOS TRABAJADORES DEL PERÚ
Estimados(as) compañeros(as):
La movilización se realizó el 31 de enero del año en curso, desde la 17:00 horas hasta las 22:00 horas y tendrá como motivo el reclamo por la solución de las demandas laborales y sociales de los pueblos de Lima y por el derecho a que se cumpla la gobernabilidad y no paralice su desarrollo.
El Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación Peruana -SUTEP- participará de la concentración se realizó en el Campo de Marte, a partir de las 16:00 horas. Luego, a las 17:00 horas, nos desplazamos por la Avenida 28 de Julio, Paseo Colón, Plaza Grau, Av. Grau, Av. Abancay, Nicolás de Piérola, hasta la Plaza San Martín donde cerramos con un mitin relámpago.
SUTE DOCE SECTOR
La movilización se realizó el 31 de enero del año en curso, desde la 17:00 horas hasta las 22:00 horas y tendrá como motivo el reclamo por la solución de las demandas laborales y sociales de los pueblos de Lima y por el derecho a que se cumpla la gobernabilidad y no paralice su desarrollo.
El Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación Peruana -SUTEP- participará de la concentración se realizó en el Campo de Marte, a partir de las 16:00 horas. Luego, a las 17:00 horas, nos desplazamos por la Avenida 28 de Julio, Paseo Colón, Plaza Grau, Av. Grau, Av. Abancay, Nicolás de Piérola, hasta la Plaza San Martín donde cerramos con un mitin relámpago.
SUTE DOCE SECTOR
EL INDIO Y EL CAPITAL HUMANO
Economía
César Risso
José Carlos Mariátegui llamaba capital humano a la fuerza de trabajo, en tiempos en los que este concepto no tenía la connotación que tiene ahora, menos contemplativo con el aspecto humano y social de la producción, y en consecuencia, más frío y técnico en su análisis.
Carlos Marx usó la expresión capital variable, haciendo referencia al uso capitalista de la fuerza de trabajo, que al adquirir carácter de mercancía (rasgo peculiar del capitalismo), con su despliegue agrega nuevo valor al capital constante (maquinaria, materia prima, materiales auxiliares, etc.). La mercancía fuerza de trabajo es la única capaz de crear nuevo valor. Sin embargo, la burguesía hace extensiva esta peculiaridad de la fuerza de trabajo a todo el capital.
Si la fuerza de trabajo, independientemente de si es mercancía o no, es la que crea la riqueza, es decir, la inmensa variedad de bienes y servicios que satisfacen las necesidades de la sociedad, entonces esta misma es insustituible y, en consecuencia, de su preservación depende la sociedad. De modo tal que cualquiera sea el sistema económico, un aspecto fundamental es la forma en la que éste conserva y reproduce la fuerza de trabajo.
Esta consideración, entre otras, es la que llevó a José Carlos Mariátegui a tratar el problema del indio, considerándolo fuerza de trabajo de un tipo especial, es decir, con las características propias del productor del Ayllu, con aquellos elementos de socialismo práctico que le reivindica. Incluso, cuando sus expresiones parecen olvidarse del aspecto humano del asunto, aludiendo al lado técnico de la producción (cantidad y calidad de bienes), señalando al sistema feudal, por ejemplo, hace referencia al incremento de la producción para asegurar la existencia de la sociedad. Así: “El dato demográfico es, a este respecto, el más fehaciente y decisivo. Contra todos los reproches que, -en el nombre de conceptos liberales, esto es modernos, de libertad y justicia-, se pueden hacer al régimen inkaico, está el hecho histórico -positivo, material-, de que aseguraba la subsistencia y el crecimiento de una población que, cuando arribaron al Perú los conquistadores, ascendía a diez millones y que, en tres siglos de dominio español, descendió a un millón. Este hecho condena al coloniaje y no desde los puntos de vista abstractos o teóricos o morales -o como quiera calificárseles- de la justicia, sino desde los puntos de vista prácticos, concretos y materiales de la utilidad”[1] (Cursivas nuestras). Por supuesto que en este caso la acepción “utilidad” hace referencia a la cantidad de bienes producidos, y no al beneficio monetario.
En la actualidad el productor agropecuario, en su organización comunal, se ve rodeado de producción capitalista, de un “inmenso arsenal de mercancías”, de modo que aquello que no puede conseguir (producir) por su propio esfuerzo, tiene que adquirirlo a través de la mercancía dinero. El cerco capitalista lo constriñe a su reducto social, a su parcela o comunidad, esto es, a mantener o desarrollar sus relaciones colectivistas, de solidaridad y reciprocidad, únicamente en el seno de su comunidad, obligándolo a incorporar parte de su trabajo, o más precisamente, su fuerza de trabajo, a la producción bajo el sistema capitalista, usándolo parcialmente como obrero asalariado en las minas, por ejemplo.
En este sentido, de los productores agropecuarios a nivel nacional, el 77,7% son trabajadores independientes, es decir, se dedican a cultivar sus tierras; siendo estos en la sierra el 81,8%. Los propietarios que hacen uso de mano de obra no familiar representan el 12,7% a nivel nacional. Y los productores agropecuarios en la condición laboral de obreros son el 7,3% a nivel nacional[2].
El 83% de los productores obtienen sus ingresos de su propia actividad agropecuaria. En cambio, el 7,3% tiene como su segunda fuente de ingresos las ganancias por negocios. Sin embargo estas son reducidas.
El 79,5% de los productores agropecuarios recibe ayuda familiar, es decir, hace uso de mano de obra no remunerada. Esta producción es propia de la economía mercantil simple.
Debido a la estacionalidad de la producción agropecuaria y a la pobreza, el 6,9% de los productores agropecuarios a nivel nacional se encuentra temporalmente empleado bajo el régimen salarial, mientras que el 3,8% recibe por la misma labor pago en especies.
Si tomamos el dato de los ingresos, es necesario señalar que la producción de este sector es en su mayoría de subsistencia, con una escasa proporción destinada al mercado. El ingreso promedio a nivel nacional es de 4 mil 781 nuevos soles. Esto da un promedio mensual de casi 399 nuevos soles.
Con respecto a la tenencia de la tierra, el problema radica en la situación jurídica de la misma. El 79,5% de los productores agropecuarios afirma que es propietario de la tierra que trabaja, sin embargo no tienen título de propiedad o no están en los registros públicos. El 4,2% de tierras son arrendadas, bajo la forma de prestada o cedida en la mayoría de los casos, mientras que la condición de al partir es de 4,9% de las tierras.
La producción está destinada básicamente al consumo del productor en un 35,7%; como semilla se destina el 21,7%, y para el mercado se destina el 12,2%; en tanto que para el trueque, subproductos y otros destinos se asigna el 30,4%. Esto da cuenta de la escasa importancia que tiene la economía capitalista para el productor agropecuario.
Con respecto a los subproductos, estos se dedican fundamentalmente para su consumo. Así, por ejemplo, el 87,5% de chuño de papa se destina al consumo, en tanto que únicamente el 7,5% se dirige a la venta. En el mismo sentido, el 100% del morón y la chochoca se destinan al consumo.
Los gastos de los productores agropecuarios son ínfimos. Este es otro rasgo que da cuenta de la poca importancia de este sector en la economía capitalista. En el caso de las semillas, el 80,2% gasta 240 nuevos soles o menos. En la sierra, el 31% no realiza gasto alguno en abonos, fertilizantes o pesticidas.
En el uso de mano de obra, el 80,5% de los productores a nivel nacional gasta 200 nuevos soles o menos por campaña.
El gasto en arrendamiento de tierras es inexistente en el 92,5% de los casos. Situación parecida a los gastos en asistencia técnica, en la que el 98,6% no tiene gastos en este rubro.
Tomando los resultados de pobreza, en el caso del método de las necesidades básicas insatisfechas, se tiene que mientras en los productores agropecuarios el 46,7% han satisfecho todas sus necesidades, a nivel nacional (nos referimos a toda la población del país) han satisfecho todas sus necesidades el 62,2% de la población. Esto da cuenta que en los productores agropecuarios más de la mitad (53,3%) tiene al menos una necesidad básica insatisfecha, en tanto que en el promedio nacional la cifra es de 37,8%.
A través del método de la línea de pobreza, se tiene que el 59,8% de los productores agropecuarios son pobres, mientras que a nivel nacional son pobres el 36,2% de la población.
La educación de los miembros de la comunidad se da espontánea y naturalmente, siendo su técnica parte de su propia experiencia acumulada. Empero, a estas alturas, la técnica burguesa la supera largamente en productividad, con el añadido de que la técnica burguesa se ha desarrollado con el acicate de la ganancia, dejando de lado a la naturaleza y el bienestar del productor, con lo cual ha terminado depredando a una y otro. Limitado en las posibilidades de aprovechamiento de las nuevas técnicas agrícolas, sin la educación adecuada, o en la mayoría de los casos sin ella, excluido como sujeto de crédito, reducido a condiciones mínimas de subsistencia; no tiene bajo el régimen económico actual posibilidades de desarrollo. Sin embargo, potencialmente está en condiciones de desarrollarse, como en el caso de Japón que, al decir de J. C. Mariátegui, encontró por sus propios medios el camino de la occidentalización.
La información de la situación educativa de los productores agropecuarios es otro aspecto de significativa importancia para la incorporación de este sector como fuerza de trabajo en una economía moderna. Así, se tiene que el 42,5% de estos no saben leer ni escribir. Asimismo, únicamente el 0,5% de los jóvenes entre 14 y 24 años están matriculados en algún centro educativo.
Si esta es la situación del productor agropecuario, qué aporte concreto, práctico, material, puede aportar al desarrollo de nuestra nación. La actual etapa capitalista, al igual que la feudalidad impuesta por la colonia, suscribe la práctica de diezmar al indio, atajando permanentemente su desarrollo. En todos los aspectos socioeconómicos y demográficos, la condición del indio es una de las peores del país. De esto es responsable el capitalismo que domina actualmente nuestra economía y sociedad.
Asimismo señala Mariátegui que en la colonia se querían brazos y no hombres, verificando que el indio era utilizado únicamente como productor, sin tener en cuenta su condición de ser humano, es decir como consumidor; lo cual explica la crítica que hace respecto de que parecía que lo que se buscaba en la colonia era exterminar al indio. En este sentido dice: “El carácter colonial de la agricultura de la costa, que no consigue aún librarse de esta tara, proviene en gran parte del sistema esclavista. El latifundista costeño no ha reclamado nunca, para fecundar sus tierras, hombres sino brazos. Por esto, cuando le faltaron los esclavos negros, les buscó un sucedáneo en los coolíes chinos. Esta otra importación típica de un régimen de ‘encomenderos’ contrariaba y entrababa como la de los negros la formación regular de una economía liberal congruente con el orden político establecido por la revolución de la independencia. César Ugarte lo reconoce en su estudio ya citado sobre la economía peruana, afirmando resueltamente que lo que el Perú necesitaba no eran ‘brazos’ sino ‘hombres’.”[3]
Los elementos de socialismo práctico que más de una vez señala J. C. Mariátegui con respecto al indio, tanto en su comunidad como en su parcela, dan cuenta de este potencial de desarrollo del indio. Así, señala que: “La ‘comunidad’, en cambio, de una parte acusa capacidad efectiva de desarrollo y transformación y de otra parte se presenta como un sistema de producción que mantiene vivos en el indio los estímulos morales necesarios para su máximo rendimiento como trabajador. Castro Pozo hace una observación muy justa cuando escribe que ‘la comunidad indígena conserva dos grandes principios económicos sociales que hasta el presente ni la ciencia sociológica ni el empirismo de los grandes industrialistas han podido resolver satisfactoriamente: el contrato múltiple del trabajo y la realización de éste con menor desgaste fisiológico y en un ambiente de agradabilidad, emulación y compañerismo’.”[4]
La acepción de capital humano que usa Mariátegui para referirse al indio es mucho más amplia que la que se usa en la actualidad por los apologistas del capitalismo. El indio es visto por Mariátegui como un elemento indispensable del desarrollo de nuestra economía y sociedad. En este sentido, expresa de manera meridiana su concepto de desarrollo: “Los que, arbitraria y simplísticamente, reducen el progreso peruano a un problema de capital áureo, razonan y discurren como si no existiese, con derecho a prioridad en el debate, un problema de capital humano. Ignoran u olvidan que, en historia, el hombre es anterior al dinero”[5].
Continuando con su argumentación de la superioridad del hombre en la creación de riqueza, dice: “El gigantesco desarrollo material de los Estados Unidos, no prueba la potencia del oro sino la potencia del hombre. La riqueza de los Estados Unidos no está en sus bancos ni en sus bolsas; está en su población. La historia nos enseña que las raíces y los impulsos espirituales y físicos del fenómeno norteamericano se encuentran íntegramente en su material biológico” (Cursivas nuestras).
Para evitar cualquier confusión, señala a renglón seguido: “[…] que la crisis y decadencia contemporáneas empezaron justamente cuando la civilización comenzó a depender casi absolutamente del dinero y a subordinar al dinero su espíritu y su movimiento”[6].
Es necesario recordar que si bien los sentimientos o, en términos más generales, el espíritu, en el sentido de ideas, conocimientos, sentimientos, emociones, experiencia y voluntad, dan cuenta de las características de la fuerza de trabajo del indio, esta actúa en el marco de determinadas condiciones materiales, que en este caso se refieren a las relaciones sociales de producción capitalistas, de subordinación a los propietarios de los medios de producción, a través de los cuales se extrae plusvalía[7].
¿Se puede, en el marco de las actuales relaciones capitalistas, aprovechar al indio? La respuesta es concluyente a este respecto. En el Perú, el indio y el capitalismo no han podido complementarse sino cuando el primero ha sido sometido como siervo, o bajo diversas formas, anulando el espíritu del indio, es decir, erradicando los elementos de socialismo práctico de este. Mariátegui señala el efecto que tiene en el indio la acción de la burguesía: “La opresión enemista al indio con la civilidad. Lo anula, prácticamente, como elemento de progreso. Los que empobrecen y deprimen al indio, empobrecen y deprimen a la nación. Explotado, befado, embrutecido, no puede ser el indio un creador de riqueza. Desvalorizarlo, depreciarlo como hombre equivale a desvalorizarlo, a depreciarlo como productor. Solo cuando el indio obtenga para sí el rendimiento de su trabajo, adquirirá la calidad de consumidor y productor que la economía de una nación moderna necesita en todos los individuos”[8] (Cursiva nuestra).
La posibilidad de nuestro desarrollo nacional requiere de la incorporación del indio como productor –tan venido a menos en ese sentido en la actualidad– y como consumidor. Esta posibilidad está latente, pero sólo será realidad cuando haya periclitado el sistema capitalista. De lo contrario, la comunidad y el indio en general, serán cada vez más marginales, hasta su extinción, con la cual se habría culminado la “obra” de los españoles en la colonia, de exterminio del indio; no por el propósito declarado de hacerlo, sino por su incapacidad de incorporarlo a la organización económica de nuestra sociedad y, con ello, perder su fuerza de trabajo –verdadera riqueza social– retardando, o anulando tal vez, nuestro desarrollo nacional.
Notas:
[1] Mariátegui, José Carlos. 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Lima, Empresa editora Amauta, décima tercera edición, 1968, p. 46.
[2] Todos los datos que mencionamos corresponden al estudio realizado por el INEI: Perfil del Productor Agropecuario, 2008, elaborado en base al Censo Nacional de Población y Vivienda 2007 y a la Encuesta Nacional de Hogares 2008 (ENAHO).
[3] Mariátegui, José Carlos, op.cit., p. 48-49.
[4] Mariátegui, José Carlos, ibídem. p. 71.
[5] Mariátegui, José Carlos, Peruanicemos al Perú. Lima, Empresa editora Amauta. Décima primera edición, 1988, P. 91.
[6] Mariátegui, José Carlos, ibídem. p. 92.
[7] Referimos las relaciones sociales como condiciones materiales, pues la materia se presenta bajo tres formas: como sustancia, como campo o como relaciones sociales.
[8] Mariátegui, José Carlos, Peruanicemos al Perú. p. 44.
César Risso
José Carlos Mariátegui llamaba capital humano a la fuerza de trabajo, en tiempos en los que este concepto no tenía la connotación que tiene ahora, menos contemplativo con el aspecto humano y social de la producción, y en consecuencia, más frío y técnico en su análisis.
Carlos Marx usó la expresión capital variable, haciendo referencia al uso capitalista de la fuerza de trabajo, que al adquirir carácter de mercancía (rasgo peculiar del capitalismo), con su despliegue agrega nuevo valor al capital constante (maquinaria, materia prima, materiales auxiliares, etc.). La mercancía fuerza de trabajo es la única capaz de crear nuevo valor. Sin embargo, la burguesía hace extensiva esta peculiaridad de la fuerza de trabajo a todo el capital.
Si la fuerza de trabajo, independientemente de si es mercancía o no, es la que crea la riqueza, es decir, la inmensa variedad de bienes y servicios que satisfacen las necesidades de la sociedad, entonces esta misma es insustituible y, en consecuencia, de su preservación depende la sociedad. De modo tal que cualquiera sea el sistema económico, un aspecto fundamental es la forma en la que éste conserva y reproduce la fuerza de trabajo.
Esta consideración, entre otras, es la que llevó a José Carlos Mariátegui a tratar el problema del indio, considerándolo fuerza de trabajo de un tipo especial, es decir, con las características propias del productor del Ayllu, con aquellos elementos de socialismo práctico que le reivindica. Incluso, cuando sus expresiones parecen olvidarse del aspecto humano del asunto, aludiendo al lado técnico de la producción (cantidad y calidad de bienes), señalando al sistema feudal, por ejemplo, hace referencia al incremento de la producción para asegurar la existencia de la sociedad. Así: “El dato demográfico es, a este respecto, el más fehaciente y decisivo. Contra todos los reproches que, -en el nombre de conceptos liberales, esto es modernos, de libertad y justicia-, se pueden hacer al régimen inkaico, está el hecho histórico -positivo, material-, de que aseguraba la subsistencia y el crecimiento de una población que, cuando arribaron al Perú los conquistadores, ascendía a diez millones y que, en tres siglos de dominio español, descendió a un millón. Este hecho condena al coloniaje y no desde los puntos de vista abstractos o teóricos o morales -o como quiera calificárseles- de la justicia, sino desde los puntos de vista prácticos, concretos y materiales de la utilidad”[1] (Cursivas nuestras). Por supuesto que en este caso la acepción “utilidad” hace referencia a la cantidad de bienes producidos, y no al beneficio monetario.
En la actualidad el productor agropecuario, en su organización comunal, se ve rodeado de producción capitalista, de un “inmenso arsenal de mercancías”, de modo que aquello que no puede conseguir (producir) por su propio esfuerzo, tiene que adquirirlo a través de la mercancía dinero. El cerco capitalista lo constriñe a su reducto social, a su parcela o comunidad, esto es, a mantener o desarrollar sus relaciones colectivistas, de solidaridad y reciprocidad, únicamente en el seno de su comunidad, obligándolo a incorporar parte de su trabajo, o más precisamente, su fuerza de trabajo, a la producción bajo el sistema capitalista, usándolo parcialmente como obrero asalariado en las minas, por ejemplo.
En este sentido, de los productores agropecuarios a nivel nacional, el 77,7% son trabajadores independientes, es decir, se dedican a cultivar sus tierras; siendo estos en la sierra el 81,8%. Los propietarios que hacen uso de mano de obra no familiar representan el 12,7% a nivel nacional. Y los productores agropecuarios en la condición laboral de obreros son el 7,3% a nivel nacional[2].
El 83% de los productores obtienen sus ingresos de su propia actividad agropecuaria. En cambio, el 7,3% tiene como su segunda fuente de ingresos las ganancias por negocios. Sin embargo estas son reducidas.
El 79,5% de los productores agropecuarios recibe ayuda familiar, es decir, hace uso de mano de obra no remunerada. Esta producción es propia de la economía mercantil simple.
Debido a la estacionalidad de la producción agropecuaria y a la pobreza, el 6,9% de los productores agropecuarios a nivel nacional se encuentra temporalmente empleado bajo el régimen salarial, mientras que el 3,8% recibe por la misma labor pago en especies.
Si tomamos el dato de los ingresos, es necesario señalar que la producción de este sector es en su mayoría de subsistencia, con una escasa proporción destinada al mercado. El ingreso promedio a nivel nacional es de 4 mil 781 nuevos soles. Esto da un promedio mensual de casi 399 nuevos soles.
Con respecto a la tenencia de la tierra, el problema radica en la situación jurídica de la misma. El 79,5% de los productores agropecuarios afirma que es propietario de la tierra que trabaja, sin embargo no tienen título de propiedad o no están en los registros públicos. El 4,2% de tierras son arrendadas, bajo la forma de prestada o cedida en la mayoría de los casos, mientras que la condición de al partir es de 4,9% de las tierras.
La producción está destinada básicamente al consumo del productor en un 35,7%; como semilla se destina el 21,7%, y para el mercado se destina el 12,2%; en tanto que para el trueque, subproductos y otros destinos se asigna el 30,4%. Esto da cuenta de la escasa importancia que tiene la economía capitalista para el productor agropecuario.
Con respecto a los subproductos, estos se dedican fundamentalmente para su consumo. Así, por ejemplo, el 87,5% de chuño de papa se destina al consumo, en tanto que únicamente el 7,5% se dirige a la venta. En el mismo sentido, el 100% del morón y la chochoca se destinan al consumo.
Los gastos de los productores agropecuarios son ínfimos. Este es otro rasgo que da cuenta de la poca importancia de este sector en la economía capitalista. En el caso de las semillas, el 80,2% gasta 240 nuevos soles o menos. En la sierra, el 31% no realiza gasto alguno en abonos, fertilizantes o pesticidas.
En el uso de mano de obra, el 80,5% de los productores a nivel nacional gasta 200 nuevos soles o menos por campaña.
El gasto en arrendamiento de tierras es inexistente en el 92,5% de los casos. Situación parecida a los gastos en asistencia técnica, en la que el 98,6% no tiene gastos en este rubro.
Tomando los resultados de pobreza, en el caso del método de las necesidades básicas insatisfechas, se tiene que mientras en los productores agropecuarios el 46,7% han satisfecho todas sus necesidades, a nivel nacional (nos referimos a toda la población del país) han satisfecho todas sus necesidades el 62,2% de la población. Esto da cuenta que en los productores agropecuarios más de la mitad (53,3%) tiene al menos una necesidad básica insatisfecha, en tanto que en el promedio nacional la cifra es de 37,8%.
A través del método de la línea de pobreza, se tiene que el 59,8% de los productores agropecuarios son pobres, mientras que a nivel nacional son pobres el 36,2% de la población.
La educación de los miembros de la comunidad se da espontánea y naturalmente, siendo su técnica parte de su propia experiencia acumulada. Empero, a estas alturas, la técnica burguesa la supera largamente en productividad, con el añadido de que la técnica burguesa se ha desarrollado con el acicate de la ganancia, dejando de lado a la naturaleza y el bienestar del productor, con lo cual ha terminado depredando a una y otro. Limitado en las posibilidades de aprovechamiento de las nuevas técnicas agrícolas, sin la educación adecuada, o en la mayoría de los casos sin ella, excluido como sujeto de crédito, reducido a condiciones mínimas de subsistencia; no tiene bajo el régimen económico actual posibilidades de desarrollo. Sin embargo, potencialmente está en condiciones de desarrollarse, como en el caso de Japón que, al decir de J. C. Mariátegui, encontró por sus propios medios el camino de la occidentalización.
La información de la situación educativa de los productores agropecuarios es otro aspecto de significativa importancia para la incorporación de este sector como fuerza de trabajo en una economía moderna. Así, se tiene que el 42,5% de estos no saben leer ni escribir. Asimismo, únicamente el 0,5% de los jóvenes entre 14 y 24 años están matriculados en algún centro educativo.
Si esta es la situación del productor agropecuario, qué aporte concreto, práctico, material, puede aportar al desarrollo de nuestra nación. La actual etapa capitalista, al igual que la feudalidad impuesta por la colonia, suscribe la práctica de diezmar al indio, atajando permanentemente su desarrollo. En todos los aspectos socioeconómicos y demográficos, la condición del indio es una de las peores del país. De esto es responsable el capitalismo que domina actualmente nuestra economía y sociedad.
Asimismo señala Mariátegui que en la colonia se querían brazos y no hombres, verificando que el indio era utilizado únicamente como productor, sin tener en cuenta su condición de ser humano, es decir como consumidor; lo cual explica la crítica que hace respecto de que parecía que lo que se buscaba en la colonia era exterminar al indio. En este sentido dice: “El carácter colonial de la agricultura de la costa, que no consigue aún librarse de esta tara, proviene en gran parte del sistema esclavista. El latifundista costeño no ha reclamado nunca, para fecundar sus tierras, hombres sino brazos. Por esto, cuando le faltaron los esclavos negros, les buscó un sucedáneo en los coolíes chinos. Esta otra importación típica de un régimen de ‘encomenderos’ contrariaba y entrababa como la de los negros la formación regular de una economía liberal congruente con el orden político establecido por la revolución de la independencia. César Ugarte lo reconoce en su estudio ya citado sobre la economía peruana, afirmando resueltamente que lo que el Perú necesitaba no eran ‘brazos’ sino ‘hombres’.”[3]
Los elementos de socialismo práctico que más de una vez señala J. C. Mariátegui con respecto al indio, tanto en su comunidad como en su parcela, dan cuenta de este potencial de desarrollo del indio. Así, señala que: “La ‘comunidad’, en cambio, de una parte acusa capacidad efectiva de desarrollo y transformación y de otra parte se presenta como un sistema de producción que mantiene vivos en el indio los estímulos morales necesarios para su máximo rendimiento como trabajador. Castro Pozo hace una observación muy justa cuando escribe que ‘la comunidad indígena conserva dos grandes principios económicos sociales que hasta el presente ni la ciencia sociológica ni el empirismo de los grandes industrialistas han podido resolver satisfactoriamente: el contrato múltiple del trabajo y la realización de éste con menor desgaste fisiológico y en un ambiente de agradabilidad, emulación y compañerismo’.”[4]
La acepción de capital humano que usa Mariátegui para referirse al indio es mucho más amplia que la que se usa en la actualidad por los apologistas del capitalismo. El indio es visto por Mariátegui como un elemento indispensable del desarrollo de nuestra economía y sociedad. En este sentido, expresa de manera meridiana su concepto de desarrollo: “Los que, arbitraria y simplísticamente, reducen el progreso peruano a un problema de capital áureo, razonan y discurren como si no existiese, con derecho a prioridad en el debate, un problema de capital humano. Ignoran u olvidan que, en historia, el hombre es anterior al dinero”[5].
Continuando con su argumentación de la superioridad del hombre en la creación de riqueza, dice: “El gigantesco desarrollo material de los Estados Unidos, no prueba la potencia del oro sino la potencia del hombre. La riqueza de los Estados Unidos no está en sus bancos ni en sus bolsas; está en su población. La historia nos enseña que las raíces y los impulsos espirituales y físicos del fenómeno norteamericano se encuentran íntegramente en su material biológico” (Cursivas nuestras).
Para evitar cualquier confusión, señala a renglón seguido: “[…] que la crisis y decadencia contemporáneas empezaron justamente cuando la civilización comenzó a depender casi absolutamente del dinero y a subordinar al dinero su espíritu y su movimiento”[6].
Es necesario recordar que si bien los sentimientos o, en términos más generales, el espíritu, en el sentido de ideas, conocimientos, sentimientos, emociones, experiencia y voluntad, dan cuenta de las características de la fuerza de trabajo del indio, esta actúa en el marco de determinadas condiciones materiales, que en este caso se refieren a las relaciones sociales de producción capitalistas, de subordinación a los propietarios de los medios de producción, a través de los cuales se extrae plusvalía[7].
¿Se puede, en el marco de las actuales relaciones capitalistas, aprovechar al indio? La respuesta es concluyente a este respecto. En el Perú, el indio y el capitalismo no han podido complementarse sino cuando el primero ha sido sometido como siervo, o bajo diversas formas, anulando el espíritu del indio, es decir, erradicando los elementos de socialismo práctico de este. Mariátegui señala el efecto que tiene en el indio la acción de la burguesía: “La opresión enemista al indio con la civilidad. Lo anula, prácticamente, como elemento de progreso. Los que empobrecen y deprimen al indio, empobrecen y deprimen a la nación. Explotado, befado, embrutecido, no puede ser el indio un creador de riqueza. Desvalorizarlo, depreciarlo como hombre equivale a desvalorizarlo, a depreciarlo como productor. Solo cuando el indio obtenga para sí el rendimiento de su trabajo, adquirirá la calidad de consumidor y productor que la economía de una nación moderna necesita en todos los individuos”[8] (Cursiva nuestra).
La posibilidad de nuestro desarrollo nacional requiere de la incorporación del indio como productor –tan venido a menos en ese sentido en la actualidad– y como consumidor. Esta posibilidad está latente, pero sólo será realidad cuando haya periclitado el sistema capitalista. De lo contrario, la comunidad y el indio en general, serán cada vez más marginales, hasta su extinción, con la cual se habría culminado la “obra” de los españoles en la colonia, de exterminio del indio; no por el propósito declarado de hacerlo, sino por su incapacidad de incorporarlo a la organización económica de nuestra sociedad y, con ello, perder su fuerza de trabajo –verdadera riqueza social– retardando, o anulando tal vez, nuestro desarrollo nacional.
Notas:
[1] Mariátegui, José Carlos. 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Lima, Empresa editora Amauta, décima tercera edición, 1968, p. 46.
[2] Todos los datos que mencionamos corresponden al estudio realizado por el INEI: Perfil del Productor Agropecuario, 2008, elaborado en base al Censo Nacional de Población y Vivienda 2007 y a la Encuesta Nacional de Hogares 2008 (ENAHO).
[3] Mariátegui, José Carlos, op.cit., p. 48-49.
[4] Mariátegui, José Carlos, ibídem. p. 71.
[5] Mariátegui, José Carlos, Peruanicemos al Perú. Lima, Empresa editora Amauta. Décima primera edición, 1988, P. 91.
[6] Mariátegui, José Carlos, ibídem. p. 92.
[7] Referimos las relaciones sociales como condiciones materiales, pues la materia se presenta bajo tres formas: como sustancia, como campo o como relaciones sociales.
[8] Mariátegui, José Carlos, Peruanicemos al Perú. p. 44.
Superexplotación y Reproducción de la Fuerza de Trabajo
Santiago Ibarra
El sistema capitalista mundial en su fase actual viene produciendo desigualdad en la distribución del ingreso, pauperización y exclusión social en una escala jamás vista en la historia de la humanidad. Una cuestión particular que someramente vamos a tratar en el presente artículo es la absoluta insuficiencia del salario que los trabajadores perciben en la industria manufacturera para la reproducción biológica de sus familias, de tal modo que los otros miembros de éstas deben incorporarse al mercado de trabajo, dentro y fuera de la producción directa de plusvalor, para incrementar sus posibilidades de consumo, aun así, en los márgenes de la precariedad.
La ganancia del capital se funda en la explotación del trabajo. La fuerza de trabajo es una mercancía como cualquier otra, con la particularidad de que a través de su puesta en acción crea un valor superior al suyo propio, un plusvalor, un capital.
El salario es la expresión monetaria del valor de la fuerza de trabajo, es decir, es igual a la suma de medios de subsistencia necesarios para la reproducción biológica del trabajador y sus hijos. Esto último es así, o debería ser así, porque el capital debería garantizar la permanencia del trabajador en el mercado para su explotación. En palabras de Marx:
“Los propietarios de la fuerza de trabajo son mortales. Para que se encuentren siempre presentes en el mercado, como lo exige la continua transformación del dinero en capital, es preciso que se eternicen ‘como se eterniza cada individuo viviente, por la procreación’. Las fuerzas de trabajo que el desgaste y la muerte arrebatan al mercado tienen que ser reemplazadas sin cesar por un número por lo menos igual. La suma de los medios de subsistencia necesarios para la producción de la fuerza de trabajo abarca, por lo tanto, los de los reemplazantes, es decir, de los hijos de los trabajadores, para que esta singular raza de poseedores de esa mercancía se perpetúe en el mercado" [1].”[1]
Sin embargo, en las periferias del sistema capitalista mundial, lo que ocurre, de modo masivo, es que el salario está muy por debajo del valor de la fuerza de trabajo. A esto Marx le llamó superexplotación de la fuerza de trabajo. Esta superexplotación es una de las características distintivas de las periferias respecto al centro. Desde luego, no hay que olvidar que en el centro mismo del sistema el salario real ha ido a la baja desde la década de 1970, sin descender a los niveles existentes en las periferias, por lo cual las diferencias salariales entre ambos son todavía significativas.
El salario que percibe la mayor parte de los trabajadores de la industria manufacturera, especialmente la de exportación, apenas alcanza para la sobrevivencia de una sola persona. Hay que tener en cuenta dos aspectos: de un lado, si el trabajo eventual se ha incrementado, esto quiere decir que el salario real tiende a no garantizar siquiera la sobrevivencia de un solo trabajador, y, de otro lado, que el salario real no garantiza el reemplazo generacional de la fuerza de trabajo. Así, la reducción del salario real por debajo del valor de la fuerza de trabajo, esto es, la reducción del “consumo del obrero más allá de su límite normal”, es un modo de ampliación del trabajo excedente, convirtiéndose así este valor en un “fondo de acumulación de capital”[2].
La reducción del salario real por debajo del valor de la fuerza de trabajo determina que una jornada laboral de ocho horas diarias sea insuficiente para la reproducción biológica del trabajador y sus hijos, por lo cual otros miembros de las familias deben incorporarse al mercado de trabajo. Para satisfacer (incompletamente) las necesidades básicas de una familia tipo, son entonces necesarias dieciséis horas diarias de trabajo, cuando menos. No el capital, sino los propios trabajadores (la familia misma) son los que garantizan, de algún modo, la reproducción de la fuerza de trabajo y su reemplazo generacional, a través de múltiples formas, sobre todo aquellas que se dan fuera de las relaciones directas con el capital, dado el escaso desarrollo del aparato productivo en nuestros países. Se comprende fácilmente entonces que los casos extremos de pauperización lo constituyen las familias para cuya sobrevivencia dependen de una sola persona (es el caso, por ejemplo, de las madres solteras).
La superexplotación del trabajo se agrava porque para un grueso sector de la fuerza laboral el trabajo es temporal, la jornada laboral más extensa que antes, el ritmo de trabajo mayor, los derechos laborales sistemáticamente violados, la capacidad productiva de la empresa mayor, todo lo cual hace aumentar a su vez la cuota de ganancia del capital.
Un punto específico que debe estudiarse, discutirse y enfrentarse desde el movimiento popular es la exacción de plusvalor por los inversionistas extranjeros, quienes obtienen una tasa de plusvalía muy superior a la que obtendrían si hicieran la misma inversión en sus países de origen, donde el salario es varias veces superior al existente en las periferias, y quienes llevan adelante una explotación brutal del trabajo.
La revolución tecnológica en curso hace posible que para la producción de una misma cantidad de productos sean necesarios cada vez menos trabajadores, lo que hace crecer el ejército industrial de reserva. El desempleo crónico es un mal del centro que los trabajadores de las periferias no pueden permitirse y que enfrentan a través de su autoempleo en diversas actividades con ingresos por debajo del mínimo necesario. De otro lado, este ejército de reserva se alimenta con el desplazamiento de millones de campesinos a las ciudades. Es el enorme tamaño de este ejército industrial de reserva, de alcance mundial, el que hace posible al capital pagar salarios paupérrimos a los trabajadores. En los marcos del capitalismo, el desarrollo tecnológico produce, entonces, de un lado, concentración de riquezas en manos de unos pocos, y, de otro lado, un mar de pobreza para la mayoría de la población.
En último término, dado que las relaciones de producción determinan la distribución del producto, la pauperización y la exclusión social crecientes (la muerte por hambre o por enfermedades perfectamente curables, la subalimentación permanente de niños y adultos, la salud precaria, el vestido escaso, la falta de vivienda, las cada vez más escasas posibilidades de movilidad social, etc.), no pueden explicarse sino como un resultado de la propiedad privada sobre los principales medios de producción, que, en las últimas décadas, ha sufrido un proceso de centralización jamás visto en la historia del capitalismo.
La movilización de la fuerza de trabajo de las familias implica, como hemos adelantado, que son ellas las que garantizan la reproducción generacional de la fuerza de trabajo para su explotación por el capital y la reproducción ampliada de éste, sobre todo fuera de las relaciones directas con el capital, en el marco de lo que comúnmente, sin rigurosidad, se denomina la “economía informal”. En este marco hay que considerar el papel que cumple la economía campesina en la reproducción de la fuerza de trabajo urbana, a través de la venta de sus productos por debajo de su valor en las ciudades, o, sin la mediación del mercado, mediante el abastecimiento directo de alimentos a los trabajadores que mantienen lazos con sus comunidades de origen. En el conjunto, hay transferencia de valor de la pequeña producción de subsistencia y de las actividades mercantiles al capital, del campo a la ciudad, de las periferias al centro.
Lo que tiene lugar es entonces una desposesión continua y masiva de los pauperizados trabajadores urbanos y rurales, que están dentro y fuera de la producción directa de plusvalor. El modo de producción capitalista somete a todos los otros modos de producción, en el marco general de una permanente actualización de la acumulación originaria del capital, “proceso histórico de escisión entre productor y medios de producción”, como Marx la definía.
En el mundo esta calamitosa situación ha empeorado a raíz de la crisis financiera desatada en 2008 en los Estados Unidos. Millones de trabajadores han perdido sus empleos. Otros millones han visto reducir sus ingresos salariales. Y todos ven reducir aún más su calidad de vida dado el salvataje que con recursos públicos han otorgado los Estados Unidos y los países de Europa occidental a los bancos e industrias quebradas. Los pueblos hacen ganar al capital en tiempos de bonanza y en tiempos de crisis. Bajo esta coyuntura, el salario es una fuente de ingresos relativamente menos importante para las familias, que probablemente se sustituya en parte con ingresos provenientes de la producción de subsistencia y de las actividades mercantiles.
La creciente pauperización y polarización social a escala mundial no obedece a ningún accidente, sino que, por el contrario, es un resultado de la naturaleza misma del capitalismo, del sistema de esclavitud asalariada. Consiguientemente, la afirmación de que bajo el capitalismo es posible el “trabajo digno”, es un engaño político, pues bajo dicho sistema el trabajo es necesariamente trabajo enajenado.
La racionalidad del capital trae consigo la irracionalidad del sistema. Una de sus lacerantes expresiones lo constituye precisamente la acentuación de la explotación del trabajo y el caos y desasosiego en que se debaten centenares de millones de familias para reproducirse biológicamente. Empero, el futuro está abierto a la construcción de una civilización cualitativamente superior, fundada en una racionalidad distinta. Para ello es necesario formar un vasto movimiento y, en este cauce, el movimiento obrero tiene todavía mucho por hacer y aportar.
Notas:
[1] El Capital, T.I, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1973, p.178.
[2] Marx, El Capital, T.I, capítulo XXIV, “La llamada acumulación originaria”, citado en Ruy Mauro Marini, “Dialéctica de la Dependencia” en su: “Proceso y tendencias de la globalización capitalista”, CLACSO, Buenos Aires, 2007, p.116.
El Método de Stalin
Eduardo Ibarra
En las presentes notas la expresión el método de Stalin designa a aquel utilizado por el sucesor de Lenin en el análisis del leninismo, y que, de hecho, constituye un método para analizar el desarrollo del marxismo.
I
Es de conocimiento general que algunos marxistas critican a Stalin por no haber expuesto en sus trabajos sobre el leninismo los aportes de Lenin a la filosofía marxista. Pero ocurre que él mismo advirtió desde la primera página de uno de esos trabajos: "Exponer los fundamentos del leninismo no es exponer aún los fundamentos de la concepción del mundo de Lenin. La concepción del mundo de Lenin y los fundamentos del leninismo no son, por su volumen, una y la misma cosa. Lenin es marxista, y la base de su concepción del mundo es, naturalmente, el marxismo. Pero de esto no se desprende, en modo alguno, que la exposición del leninismo deba comenzar por la de los fundamentos del marxismo. Exponer el leninismo es exponer lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin, lo aportado por Lenin al tesoro general del marxismo y lo que está asociado a su nombre de modo natural. Sólo en este sentido hablaré en mis conferencias de los fundamentos del leninismo" (1).
De este modo, pues, Stalin distinguió entre la concepción del mundo de Lenin y los fundamentos del leninismo, y sostuvo que la base de la concepción del mundo de Lenin es la concepción del mundo de Marx. En la Entrevista con la primera delegación de obreros norteamericanos, esta distinción cobra la forma de una distinción entre principios y elementos, es decir, entre principios generales y elementos teóricos, entre la concepción del mundo de Marx y la teoría ulteriormente concretada con su aplicación (2): “… Lenin no ‘añadió’ ningún ‘principio nuevo’ al marxismo ni suprimió ninguno de los ‘viejos’ principios del marxismo. Lenin fue y sigue siendo el discípulo más fiel y más consecuente de Marx y de Engels, y se apoyó enteramente en los principios del marxismo”. “Pero Lenin no sólo fue el realizador de la doctrina de Marx y Engels; fue, al mismo tiempo, el continuador de la doctrina de Marx y Engels”. “¿Qué quiere decir eso?”. “Eso quiere decir que desarrolló la doctrina de Marx y Engels, teniendo en cuenta las nuevas condiciones del desarrollo, teniendo en cuenta la nueva fase del capitalismo, teniendo en cuenta el imperialismo. Eso quiere decir que, al desarrollar la doctrina de Marx en las nuevas condiciones de la lucha de clases, Lenin aportó al tesoro general del marxismo elementos nuevos en comparación con lo que le dieron Marx y Engels, en comparación con lo que se le pudo dar en el período del capitalismo preimperialista. Por cierto, los elementos nuevos que Lenin aportó al tesoro del marxismo se basan plena y enteramente en los principios sentados por Marx y Engels”. “En este sentido, precisamente, decimos nosotros que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias” (2). Como se ve, el sucesor de Lenin tuvo en cuenta la exigencia de Engels de “distinguir entre el método y los resultados con él alcanzados”.
Stalin escribió: “Marx y Engels actuaron en el período prerrevolucionario (nos referimos a la revolución proletaria), cuando aún no había un imperialismo desarrollado, en un período de preparación de los proletarios para la revolución, en el período en que la revolución proletaria no era aún directa y prácticamente inevitable” (3). Quiere decir, pues, que, al aplicar el método por ellos fundado a las condiciones del capitalismo y de la lucha de clase del proletariado en la época preimperialista, Marx y Engels enriquecieron el tesoro general del marxismo con la fundación de la economía política y el socialismo marxistas y, específicamente hablando, con la teoría de la revolución proletaria y de las condiciones de su realización.
En Los fundamentos del leninismo, Stalin analizó los aportes de Lenin al marxismo en cuestiones como el imperialismo, el método, la teoría, la dictadura del proletariado, la cuestión campesina, la cuestión nacional, la estrategia y la táctica, el partido y el estilo de trabajo. Es pertinente señalar que, tres años después, en la Entrevista…, consideró seis cuestiones en las que Lenin desarrolló la teoría de la revolución proletaria y de las condiciones de su realización: 1) el imperialismo; 2) la dictadura del proletariado; 3) la edificación del socialismo; 4) la hegemonía del proletariado; 5) la cuestión nacional y colonial; 6) la cuestión del partido. En esta oportunidad –y a diferencia de cómo había procedido en Los fundamentos…– examinó los aportes de Lenin a partir de una breve exposición de los elementos teóricos proporcionados por Marx y Engels sobre cada uno de los temas señalados. De este modo reveló el hilo de engarce entre el marxismo y el leninismo, y, específicamente, entre la teoría de la revolución proletaria de Marx y Engels y su desarrollo por Lenin en las condiciones de nuestra época.
Como es de conocimiento general, Lenin analizó el imperialismo en trabajos como El imperialismo, fase superior del capitalismo y algunos otros, y desarrolló la teoría y la táctica de la revolución proletaria y la dictadura del proletariado en trabajos como Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, El Estado y la revolución, la Revolución proletaria y el renegado Kautsky, La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo y otros más. De este modo esclareció las nuevas condiciones de la lucha de clase del proletariado, la correlación de clases fundamental de nuestra época, las principales particularidades de la nueva situación histórica, la dirección principal de su desarrollo, el despliegue de la revolución proletaria y la instauración de la dictadura del proletariado. Por eso Stalin señaló que “El leninismo se desarrolló y se formó bajo el imperialismo, cuando las contradicciones del capitalismo habían llegado ya a su grado extremo, cuando la revolución proletaria se había convertido ya en una cuestión de la actividad práctica inmediata, cuando el antiguo período de preparación de la clase obrera para la revolución había llegado a su tope, cediendo lugar a un nuevo período, al período de asalto directo del capitalismo” (4). Por eso precisó que Rusia fue el hogar del leninismo “Porque Rusia era el punto de convergencia de todas [las] contradicciones del imperialismo”. “Porque Rusia estaba preñada de revolución más que ningún otro país del mundo, y eso hacía que sólo ella se hallase en estado de resolver estas contradicciones por vía revolucionaria” (5). Por eso señaló que “La verdad entera del leninismo es que no sólo hizo renacer el marxismo, sino que dio un paso adelante, prosiguiendo el desarrollo del marxismo bajo las nuevas condiciones del capitalismo y de la lucha de clase del proletariado” (6). Por eso sentó que “… no es posible separar el leninismo del marxismo, ni mucho menos oponerlo al marxismo” (7). Por eso, finalmente, definió: “El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. O más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular” (8).
De esta manera, pues, Stalin señaló la nueva realidad del capitalismo y de la lucha de clase del proletariado como las condiciones históricas que dieron lugar al leninismo. El surgimiento del leninismo se explica, entonces, por la acción de la ley según la cual el ser social determina la conciencia social. En el análisis del desarrollo del marxismo, este principio materialista no puede ser negligido.
Ya en el solo hecho de que el leninismo fue el producto de la aplicación del marxismo a las condiciones de la Rusia zarista punto de convergencia de todas las contradicciones del imperialismo, se reveló la ligazón entre lo particular (Rusia) y lo universal (imperialismo). Por eso Mao señaló: “Stalin, al explicar las raíces históricas del leninismo en su famosa obra “Los fundamentos del leninismo”, analizó la situación internacional en que nació el leninismo, analizó las distintas contradicciones del capitalismo, llegadas a su grado extremo bajo las condiciones del imperialismo, y mostró cómo ellas hicieron de la revolución proletaria una cuestión práctica inmediata y crearon condiciones favorables para el asalto directo al capitalismo. Además, analizó por qué Rusia fue la patria del leninismo, por qué la Rusia zarista constituía el punto de convergencia de todas las contradicciones del imperialismo y por qué el proletariado ruso se convirtió en la vanguardia del proletariado revolucionario internacional. De esta manera, Stalin analizó lo universal de las contradicciones del imperialismo, demostrando que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, y, al mismo tiempo, analizó lo que de particular tenían estas contradicciones generales en el caso del imperialismo de la Rusia zarista, explicando por qué Rusia llegó a ser la cuna de la teoría y las tácticas de la revolución proletaria y cómo dicha particularidad encerraba la universalidad de la contradicción. Este análisis de Stalin nos ofrece un modelo para comprender la particularidad y la universalidad de la contradicción y su interconexión” (9).
II
No es cierta la afirmación de que Stalin ignoró los aportes de Lenin a la filosofia marxista y la necesidad de exponerlos como parte de una fundamentación completa del leninismo. Más bien subrayó todo lo contrario: "Quizá la expresión más clara de la alta importancia que Lenin otorgaba a la teoría, sea el hecho de que fuera precisamente él quien asumió el cumplimiento de una tarea tan grande como la de sintetizar, desde el punto de vista de la filosofía materialista, los más importantes adelantos de la ciencia en el período comprendido desde Engels hasta Lenin y de someter a profunda crítica las tendencias antimaterialistas entre los partidarios del marxismo. “Cada descubrimiento trascendental -decía Engels- obliga al materialismo a cambiar de forma”. Es sabido que fue precisamente Lenin quien, en su notable libro “Materialismo y Empiriocriticismo”, cumplió esta tarea en relación con su época" (10). “Es natural que mis conferencias no puedan ser consideradas como una exposición completa del leninismo. Serán tan sólo, en el mejor de los casos, un resumen sucinto de los fundamentos del leninismo. No obstante, estimo útil hacer este resumen, a fin de ofrecer algunos puntos fundamentales de partida, necesarios para estudiar con fruto el leninismo" (11). Como se ve, en estas citas el término teoría está utilizado como sinónimo del término filosofía, tal como el propio Stalin lo utiliza en el Compendio de Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS, cuando afirma que el libro Materialismo y empiriocriticismo es “… una defensa de los fundamentos teóricos del marxismo, del materialismo dialéctico y del materialismo histórico…”.
Así, pues, es verdad que Los fundamentos... no son una exposición completa del leninismo, sino un resumen sucinto de los aportes de Lenin al marxismo. Este límite, que se impuso a sí mismo Stalin, resultó del hecho de que solamente se propuso “ofrecer algunos puntos fundamentales de partida, necesarios para estudiar con fruto el leninismo”. Precisamente estos puntos fundamentales de partida están centrados en el análisis de la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general y en la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular.
Esta centralidad de la teoría y la táctica de la revolución proletaria tiene su explicación. La concepción marxista del mundo tiene como principio suyo la dialéctica materialista. Precisamente, el mérito imperecedero de Marx y Engels en el campo filosófico fue incorporar la dialéctica al materialismo (“Marx y yo fuimos probablemente los únicos en salvar la dialéctica consciente de la filosofía idealista alemana, trasplantándola a la concepción materialista de la naturaleza y de la historia”, señaló Engels en el prólogo a la segunda edición del Antidühring), fundando así el materialismo dialéctico y la concepción materialista de la historia. En el postfacio a la segunda edición de El Capital, Marx escribió que su método, es decir la dialéctica, es “… crítica y revolucionaria por esencia…”. Y es así, sin lugar a dudas, pero, como es lógico, sólo a condición de que se le aplique. Marx y Engels fundaron la economía política marxista y el socialismo científico, teoría y programa este último de la revolución proletaria y de las condiciones de su realización y, por consiguiente, método de lucha por la emancipación del proletariado. La emancipación del proletariado y, en general, de la entera humanidad, no se decide, como es evidente, en el terreno de la filosofía, sino en el de la política. El proletariado no actúa, pues, como filósofo colectivo sino como político colectivo, aunque es indudable que su filosofía revolucionaria sirve a su política revolucionaria, o, para decirlo de otro modo, que la filosofía marxista sirve para transformar el mundo, pero, claro está, a condición de ser mediada por la acción política del proletariado. Este hecho demuestra la centralidad de la lucha política en la praxis marxista, y esta centralidad determina la centralidad de la teoría de la revolución proletaria y de las condiciones de su realización en el cuerpo entero de la teoría proletaria. El materialismo filosófico de Marx y Engels “… señaló al proletariado la salida de la esclavitud espiritual en que se han consumido hasta hoy todas las clases oprimidas” (12). La economía política marxista “… explicó la situación del proletariado en el régimen general del capitalismo” (13). El socialismo científico señaló al proletariado la vía práctica que conduce a la expropiación de los expropiadores y a la dictadura del proletariado como punto necesario de transición para la extinción de las clases, la lucha de clases y el Estado. Si en el estudio del desarrollo del marxismo se pusiera el acento en los aportes a la filosofía marxista y no en la teoría de la revolución proletaria, se estaría privilegiando la interpretación del mundo sobre su transformación, cuando de lo que se trata es de transformar el mundo, tal como señaló Marx en su onceava tesis sobre Feuerbach. Por eso, Stalin consideró la teoría de la revolución proletaria en general y la teoría de la dictadura del proletariado en particular, como el lugar donde centralmente hay que ir a buscar el desarrollo del marxismo. Y es en relación a esta verdad fundamental que cobra su exacto significado esta aserción suya: “La teoría es la experiencia del movimiento obrero de todos los países, tomada en su aspecto general” (14). Y también esta otra: “O más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular”.
III
Stalin afirmó que “Exponer el leninismo es exponer lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin, lo aportado por Lenin al tesoro general del marxismo y lo que está asociado a su nombre de modo natural” (15). En esta afirmación hay algo que observar: el tesoro general del marxismo es todo el marxismo, y no únicamente la economía política y el socialismo científico. De hecho, los elementos teóricos que aportó Lenin a la fundamentación de los principios del materialismo y a la exposición de distintos aspectos de la dialéctica, es parte también de “lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin”, y, por tanto, parte de “lo aportado por Lenin al tesoro general del marxismo”. La centralidad de la teoría de la revolución proletaria y de las condiciones de su realización en el cuerpo entero del marxismo no significa en modo alguno que los aportes de Lenin en el terreno de la filosofía no puedan ser considerados también como algo peculiar y nuevo en el tesoro general del marxismo. En este punto Stalin cometió un error de unilateralidad.
Pero con todo y con eso, el sucesor de Lenin valoró correctamente el libro Materialismo y empiriocriticismo, como ha quedado demostrado más arriba. Los Cuadernos Filosóficos fueron escritos sobre todo entre 1914 y 1916 y vieron la luz recién en 1933. El fragmento Sobre el problema de la dialéctica fue publicado como un avance en 1925. Pero las conferencias Los fundamentos del leninismo fueron publicadas en abril y mayo de 1924, de manera que queda explicada la ausencia en sus páginas de toda alusión al trabajo de Lenin. El libro Cuestiones del leninismo fue terminado de escribir en enero de 1926, y, en sus páginas, no se menciona tampoco el fragmento Sobre el problema de la dialéctica, pero, con toda seguridad porque en Los fundamentos del leninismo su autor ya había descartado exponer los aportes de Lenin a la filosofía marxista.
Stalin calificó de “contenido fundamental” lo que en un lenguaje más riguroso es el contenido principal del leninismo: la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular. El contenido fundamental del leninismo es su aporte a la dialéctica (16).
IV
Con su método, Stalin resolvió problemas tales como los aportes de Lenin, las raíces históricas del leninismo y su definición como desarrollo del marxismo. Lo esencial del método de Stalin es la idea de que el lugar donde centralmente hay que buscar el desarrollo del marxismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general y la teoría y la táctica de la revolución proletaria en particular. Y lo fundamental de sus conclusiones es su definición del leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, con lo que estableció su género próximo y su diferencia específica. Estas conquistas teóricas fueron el fruto de su estudio del leninismo.
Ciertamente los límites que Stalin se impuso a sí mismo en el examen del leninismo, no invalidan su método ni mucho menos. Este método es correcto. Y está vigente (17).
V
El leninismo, entendido como el pensamiento de Lenin, no puede comprenderse como que su contenido representa todo el contenido habido y por haber de nuestra época. Lenin escribió El imperialismo, fase superior del capitalismo en enero-junio de 1917, pero ya en mayo-junio de 1915 había subrayado que “… una cosa es el estudio científico de todos los aspectos del imperialismo –estudio que sólo está comenzando y que, por su naturaleza, no tiene fin, como no lo tiene la ciencia en general-, y otra cosa son los fundamentos de la táctica socialista contra el imperialismo capitalista... (…). “El capitalismo nunca será estudiado hasta el fin en todas las manifestaciones de su naturaleza expoliadora y en todas las minúsculas ramificaciones de su desarrollo histórico y de sus peculiaridades nacionales…” (18). Y es así, efectivamente: el desarrollo del imperialismo comporta el surgimiento de nuevos y nuevos fenómenos, pero en todos los casos éstos no son más que un resultado de su naturaleza económica y de su naturaleza política, o, para decirlo de otro modo, el resultado del desarrollo de sus tendencias fundamentales, estudiadas magistralmente por Lenin.
No obstante, en el sentido indicado el leninismo lleva el sello de nuestra época, por cuanto su contenido es la expresión teórica del contenido fundamental y de las tendencias fundamentales del imperialismo y, al mismo tiempo, la expresión teórica del contenido fundamental y de las tendencias fundamentales de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado.
Ahora bien, el leninismo debe ser entendido también como el marxismo de nuestra época, y, en este sentido, puede constatarse que su desarrollo no ha cesado, sino que sigue desarrollándose conforme a las nuevas condiciones de la lucha de clase del proletariado (19). El análisis de este desarrollo, sin embargo, no es posible en los marcos de las presentes notas, que han tenido como único propósito exponer el método de Stalin para analizar el desarrollo del marxismo.
NOTAS
[1] Los Fundamentos del leninismo, ELE, Moscú, 1961, p.1.
[2] Especialmente aquella relativa a la revolución proletaria y a las condiciones de su realización, y, obviamente, hablamos aquí de la revolución proletaria con el mismo alcance que tiene en el concepto de revolución permanente de Marx.
[2] Lenin, recopilación, ELE, Beijing, 1976, pp.37-38.
[3] Los fundamentos del leninismo, pp.4-5.
[4] Ibidem, p.5.
[5] Ibidem, p.8.
[6] Ibidem, p.4.
[7] Lenin, p.44.
[8] Los fundamentos de leninismo, p.4. Es oportuno señalar que, unas líneas más adelante, Stalin habla de dos causas que determinaron “el carácter extraordinariamente combativo y extraordinariamente revolucionario del leninismo”: “… en primer lugar, a que el leninismo brotó de la entraña de la revolución proletaria, cuyo sello no puede por menos de ostentar; en segundo lugar, a que se desarrolló y se fortaleció en las batallas contra el oportunismo de la II Internacional, combatir al cual ha sido y sigue siendo una premisa necesaria para luchar con éxito contra el capitalismo”. Puede decirse, sin embargo, que, en realidad, estas dos cuestiones no sólo aparecen como las causas del carácter extraordinariamente combativo y revolucionario del leninismo, sino también como las causas de su propio surgimiento y de su propio desarrollo. ¿Puede imaginarse que el leninismo hubiera sido posible al margen de la entraña de la revolución proletaria? ¿Puede imaginarse que el leninismo hubiera sido posible sin la premisa de la lucha contra el oportunismo de la Segunda Internacional? Ciertamente cualquier desarrollo integral del marxismo surge de la entraña de la revolución proletaria y tiene como premisa la lucha contra el oportunismo en general y el revisionismo en particular. Esta verdad se confirma igualmente en el caso del pensamiento de Mao.
[9] Sobre la contradicción, en OE, t.I, p.352.
[10] Los fundamentos del leninismo, p.22.
[11] Ibidem, p.3.
[12] Lenin, Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, en OE en tres tomos, t.I, p.65.
[13] Ibidem.
[14] Los fundamentos del leninismo, p.21.
[15] Ibidem, p.3.
[16] Sobre esta cuestión, Stalin señala: “… si el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria, y si lo que constituye el contenido fundamental de la revolución proletaria es la dictadura del proletariado, resulta evidente que lo principal en el leninismo es la cuestión de la dictadura del proletariado, es el estudio de dicha cuestión, es su fundamentación y su concretación” (Cuestiones del Leninismo, recopilación, ELE, Beijing, 1977, p.165). Esta afirmación se entiende en el marco de la consideración de su autor de que “lo aportado por Lenin al tesoro general del marxismo” no comprende también sus aportes a la filosofía marxista. Pero en el marco de la consideración de que “lo que hay de peculiar y de nuevo en las obras de Lenin” comprende también estos aportes, se hace evidente que lo fundamental en Lenin es su aporte a la dialéctica –que es como decir a la concepción marxista del mundo– y que su teoría de la revolución proletaria y de la dictadura del proletariado aparece más bien como lo principal.
[17] Lo mismo quienes hablan del pensamiento de Mao como “tercera etapa del marxismo” como aquellos que hablan de marxismo a secas, niegan de hecho el leninismo como el marxismo de nuestra época, pero, para ser serios, tendrían que haber empezado por demostrar –precisamente demostrar y no lanzar una mera afirmación– que el método utilizado por Stalin en el análisis del desarrollo del marxismo es erróneo y que, en consecuencia, el leninismo no es el marxismo de nuestra época. Sin embargo, como es de conocimiento general, en décadas tanto los unos como los otros no han sido capaces de demostrar nada al respecto salvo su insolvencia. Si el maoísmo delirante ha argumentado su definición del pensamiento de Mao echando a un lado la cuestión de las raíces históricas en el desarrollo del marxismo, el rebrote del revisionismo criollo argumenta su marxismo a secas echando a un lado la relación entre el desarrollo del marxismo y la denominación de la doctrina.
[18] La bancarrota de la II Internacional, en Contra el revisionismo, recopilación, Editorial Progreso, Moscú, s/f, pp. 226-227. Subrayados en el original.
[19] Pero, como no podía ser de otro modo, este desarrollo del leninismo (señaladamente el pensamiento de Mao) lleva también el sello de nuestra época, por cuanto su contenido expresa igualmente el contenido fundamental y las tendencias fundamentales del imperialismo y de la revolución proletaria.
PRÓLOGO A LA CUARTA EDICIÓN
(Segunda Parte) Julio Roldán
El Libro y sus Críticos
Algún tiempo después de haber sido terminada la investigación, Tectum Verlag, empresa ubicada en la ciudad de Marburg, se interesó en publicar la investigación en forma de libro. Hasta la fecha que se escribe este prólogo a la cuarta edición, es decir, 12 años después de la primera edición, han aparecido, con algunas modificaciones pequeñas, tres ediciones.
En estos años se han escrito algunos estudios y una regular cantidad de reseñas sobre la presente investigación. De lo mencionado deseamos nombrar un par de cada cual. Los primeros corren a cargo de peruanos: el lingüista y profesor universitario César Ángeles (1961-) y el escritor Eduardo Ibarra (1944-). De los segundos, mencionemos el del politólogo alemán Reiner Huhle (1946-) y el del filólogo francés Guy Nondier (1941-).
El trabajo de Ángeles (2001) lleva por título: Mario Vargas Llosa: Historia de un deicidio. En torno a un nuevo ensayo crítico sobre el escritor peruano. Mientras que el de Ibarra (2002) se titula: Mario Vargas Llosa. El frustrado compromiso de un escritor.
La verdad es que después de más de una década de la primera lectura, releo los escritos mencionados. Lo sustancial es que las coincidencias teóricas-conceptuales son evidentes entre las plasmadas en el libro y las vertidas por los estudiosos aquí mencionados. A la par, las críticas son más de forma que de fondo. Éstas son las razones del por qué no insistiremos en comentar, debatir o rebatir las opiniones de los estudiosos líneas arriba mencionados.
En el caso de Reiner Hohle, hay algo que deseamos mencionar. Él piensa que en el trabajo: “no se profundiza debidamente en el caso Uchuracay”, donde Vargas Llosa fue el Presidente de la Comisión que investigó la matanza de los periodistas en el año 1983. Además cree que “esta investigación es una biografía política de Vargas Llosa”. Como consecuencia, ésta termina en este plano “en el año 1990”, a nivel literario “en 2000 con la Fiesta del Chivo”, por lo tanto, “… la biografía política del escritor queda aún por escribirse”.
Hay que decir, respecto al caso Uchuracay, que en el libro se sostiene que en el informe emitido por esta Comisión se dice que ella “… ha llegado a la convicción absoluta de que el asesinato de los periodistas fue obra de los comuneros”, en la medida “que los confundieron con terroristas” de Sendero Luminoso, a sus “cámaras fotográficas con armas de fuego”. La conclusión final reza: “Todos los peruanos somos culpables de la tragedia pues no supimos civilizarlos.”
En este informe no se menciona que la zona había sido preparada, previamente, por las Fuerzas Armadas. Trabajada bajo la concepción de la Guerra de baja intensidad, como se vio posteriormente cuando la acción subversiva se fue ampliando a otras zonas del país. Las denominadas “montoneras” y “rondas campesinas” compuestas por campesinos-indígenas, organizadas y orientadas por las Fuerzas Armadas, tuvieron en Uchuracay su partida de nacimiento.
Respecto a la biografía política, ésta no es verdad. Por lo menos ésta no fue nuestra intención cuando realizamos la investigación. No es una biografía política ni literaria de Vargas Llosa. Que recurramos, en el proceso de la investigación, a datos históricos del personaje para explicar acciones políticas, giros ideológicos y su producción literaria, o lo contrario, no significa necesariamente que ésta sea una investigación biográfica en el sentido estricto del término.
Por su parte el profesor de la Universidad de Rouen sostiene “que con los zigzagueos” conocidos, “Vargas Llosa es mucho más que el portavoz de la gran burguesía latinoamericana”. Ésta es una de las conclusiones a la que llegamos en la investigación. Efectivamente, en gran medida se dice en ella que Vargas Llosa es mucho más que eso. En cualquier nivel de la vida, el escritor es un caso especial al interior del conjunto de intelectuales latinoamericanos de su tiempo y su nivel.
Sus giros ideológicos, sus cambios políticos, son extremos. Su defensa de los mismos es apasionada. Su defensa del “orden democrático-liberal”, de la “libre empresa”, en las últimas décadas, es persistente. Su anticomunismo es visceral y consecuente.
Por último, como resultado del otorgamiento del Premio Nóbel a Vargas Llosa en 2010, el libro, que se había circunscrito al mundo académico-intelectual, logró abrirse cierto espacio y así ganar algo de popularidad. La misma se acentuó cuando el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet (1943-), publicó en dicho mensuario (noviembre 2010) un artículo titulado Los dos Vargas Llosa, en el cual se menciona un par de veces a esta investigación.
Vargas Llosa Literato
El Premio Nóbel de Literatura del año 2010 es un personaje controvertido, de trayectoria zigzagueante y con un sin número de inquietudes personales. Él ha declarado, en varias oportunidades, que por sobre todo tiene dos grandes pasiones en su vida: la literatura y la política, o viceversa.
En el campo de la literatura, Vargas Llosa es poeta, dramaturgo, cuentista, novelista, actor, periodista. Mientras que en el de la política, ha sido militante partidario en la clandestinidad, dirigente político público, candidato presidencial, propagandista político, difusor de ideas, y hasta pretendió ser ideólogo. Todo ello se complementa con su vida privada. Él fue casado dos veces, es padre de familia y profesor universitario en varias universidades.
En la trayectoria político-literaria de Vargas Llosa se cumple esa conocida metáfora que reza: su vida es como una flecha disparada a diferentes blancos. De los muchos personajes del mundo político-literario que él admira, probablemente, con quien mejor compaginaría sería con Víctor Hugo (1818-1885). Al multifacético escritor francés lo comenzó a leer en sus años de adolescencia. Eran sus tiempos en el Colegio Militar Leoncio Prado.
Es posible que desde entonces haya sido hechizado por la azarosa vida política, por la fecunda producción literaria del autor de la novela El noventa y tres.
A partir de entonces, Vargas Llosa se ha empeñado, proponiéndose o no, en imitar a Víctor Hugo hasta en detalles insignificantes. Su admiración por dicho autor la coronó con su estudio sobre la novela Los miserables. El mencionado trabajo fue publicado en el año 2004. Lleva por título La tentación de lo imposible.
A primera vista, las coincidencias entre estos dos escritores son evidentes. No obstante este parecido, hay una diferencia fundamental. Es lo referente a la dirección de sus respectivas trayectorias ideológico-políticas. Para dar crédito a lo afirmado, remitámonos a lo escrito por Vargas Llosa respecto a la evolución de Víctor Hugo en el nivel mencionado. Sus palabras: “A diferencia de los escritores que comienzan siendo revolucionarios y terminan reaccionarios, él, de joven, fue monárquico, legitimista y vendéen, como su madre, luego orleanista en los tiempos de Louis Philippe; en su vejez, liberal, republicano y, en los días de la Comuna, vagamente socializante y anarquista. ¿Fue esta una evolución natural o dictada por la conveniencia?” (Vargas Llosa 2004: 139)
La pregunta formulada por Vargas Llosa, en la parte final, encuentra su respuesta, en el mismo texto, algunas líneas después. En ella, una vez más, se vuelven a encontrar el estudioso y el estudiado como dos figuras hechas de la misma arcilla. Como dos personajes salidos del mismo molde. Leamos: “… los cambios políticos del gran escritor son sospechosos de oportunismo pues siempre coinciden con la dirección que toma el Poder y le granjea honores y mercedes, (…) las posiciones políticas de Hugo nos parece tan dudosa como esa filosofía camaleónica que lo llevó a escribir esta nota en septiembre de 1848: `Yo soy rojo con los rojos, blanco con los blancos, azul con los azules. En otros términos, estoy por el pueblo, por el orden y por la libertad.´” (Vargas Llosa 2004: 139 y 140)
Cuando el novelista escribió lo que acabamos de leer, nos preguntamos: ¿Habrá tenido el buen tino Vargas Llosa de recordar su trayectoria ideológico-política? En la medida que, adjetivos más o adjetivos menos, lo mismo se podría afirmar de él. Teniendo presente que el escritor dice haber sido, ideológica y políticamente, comunista. Luego democristiano. Posteriormente adherente y defensor de la Revolución Cubana. Continuó como socialdemócrata convencido. Enseguida dio un salto hacia el neoliberalismo o “fundamentalismo liberal”. A partir de la crisis bancaria iniciada en 2008, se observa algunos tibios coqueteos con la socialdemocracia en sus planteamientos ideológico-políticos. Intentemos un artificio elemental. En la última cita transcrita, reemplacemos el nombre Víctor Hugo por el de Vargas Llosa. El resultado será más que evidente.
*
Mario Vargas Llosa como poeta, dramaturgo, cuentista o actor no tiene la calidad, tampoco la fama, que ha ganado como periodista y, particularmente, como novelista. En el rubro de los denominados géneros menores, su producción, siendo respetable cuantitativamente, es insignificante cualitativamente. A contrapelo de la prolífera propaganda realizada por las editoriales y el sostenido esfuerzo personal para lograr reconocimiento en este nivel de su producción.
Para escribir poesía, cuento, teatro o novela, el rol del tiempo es fundamental. El buen poeta sólo necesitaría de algunos minutos para escribir un poema que trascienda lo circunstancial. La capacidad de síntesis del buen cuentista necesita algunas horas para plasmar una historia que perdure décadas.
El mismo libreto se repite con el buen dramaturgo, que necesita algunas horas para elaborar una pieza teatral donde estén plasmados sustratos esenciales de la condición humana. De igual manera, el actor requiere dos o tres entradas en escena para hacer del espectador un actor más. Mientras que el buen novelista necesita meses, años, cuando no décadas, para escribir una excelente novela. La que de ser tal, será leída muchas décadas después de haber sido publicada o después de que su autor haya desaparecido biológicamente.
En este acápite, en la producción novelística, el rol del tiempo es determinante. Nuestro autor es de la misma opinión. Leamos lo que escribe al respecto: “Una novela, como una vida humana, se compone de acontecimientos importantes y hechos rutinarios y triviales. A diferencia de lo que suele ocurrir en un poema o en un cuento, géneros que por forma breve y ceñida llegan a veces a construir unidades de extraordinaria homogeneidad, en las que todos los elementos tienen la misma riqueza conceptual y retórica, en la novela, género imperfecto debido a su extensión, sus elementos populosos, y a la influencia en ella del factor temporal, los episodios que se trenzan en su estructura son inevitablemente desiguales, esenciales algunos, otros de significación menor y otros sólo instrumentales, meros puentes destinados a relacionar entre sí los hechos capitales y a asegurar la fluidez del tiempo narrativo, la ilusión de un transcurrir.” (Vargas Llosa 2004: 60 y 61)
A la par de lo afirmado, hay que recordar que es consenso al interior de los especialistas decir que Vargas Llosa no tiene la genialidad del gran poeta. Vargas Llosa carece de la capacidad sintética del gran cuentista. A Vargas Llosa le es extraño el talento de un gran dramaturgo. Por último, como actor, nos ahorramos comentarios. Lo dicho es la razón del por qué, en los subgéneros mencionados, es un personaje más entre los centenares que abundan en el mundo de la creación o actuación.
El escritor, por su carácter, por su personalidad, por formación-socialización, es una mente difusa y hasta confusa, que exterioriza en sus puntos de vistas por demás cambiantes. En otro nivel, él es un personaje muy locuaz. De léxico exuberante preñado de adjetivos, donde el calificativo se lleva la bandera. Y en algunas ocasiones, cuando escribe, los adornos desbordan, las blondas se sobreponen, los encajes se exceden en la pieza descrita o en la sábana narrada. Lo afirmado por el crítico literario Oswaldo Gallone (1952-) en referencia al novelista Jonathan Franzen (1959-), en gran medida, es aplicable también a Vargas Llosa. Sus palabras: “… el escritor pretende demostrar todo lo que es capaz de hacer y suele caer en la sobre-escritura.” (Gallone: 2010: 37)
Vargas Llosa es un adjetivador por excelencia. Él es un conversador incansable. Es un hablador que encandila a sus oyentes contando, muchas veces, la misma historia con diferentes adjetivos; en variados tonos, con sugestivos gestos. En dos frases, un hombre con muchas luces en las figuras. Un hombre con muchas sombras en los conceptos, como veremos posteriormente.
El Premio Nóbel de Literatura 2010, en buena medida, piensa, habla y hasta convence con figuras, gestos, metáforas y ademanes. La conversación, la exposición, la descripción y la plasmación de este ramillete verbal sobre el papel es el mayor mérito del novelista.
Más aún, en ese tiempo de largo aliento para escribir una novela, él trabaja con esquemas cerrados, los que darían la impresión de que se condicionan mutuamente. En ellos van conteniendo los bloques, unos al interior de otros, los que en determinados momentos se abren para nuevamente volverse a cerrar. Esas estructuras rígidas tienen el mérito de acometerse, hasta confundirse en la forma, para luego recobrar en esencia sus antiguas fronteras verbales.
Vargas Llosa es el típico neoestructuralista. Él cubre magistralmente los orificios, las cerraduras y las fisuras de su trama narrada con ese bagaje de figuras que su conocimiento dispone. Con la sinfonía de palabras que su manantial cultural lo alimenta. Ya hemos dicho, en muchos casos, hasta en exceso. Lo afirmado se puede comprobar leyendo hasta la novela titulada La guerra de fin del mundo. Nos referimos al acápite de los esquemas-estructuras, de la técnica narrativa, el papel del autor-relator y más su predisposición a la autocorrección permanente. Historia distinta son las novelas que se publicaron después de 1981.
Después de La guerra del fin del mundo, novela fronteriza por su ámbito geográfico y calidad literaria, daría la impresión de que el escritor se informa menos respecto a sus temas histórico-sociales tratados. Las imprecisiones de datos, en un nivel, los hilvanes sueltos, en otro, son más que evidentes y frecuentes. La razón podría ser la pérdida de la savia emocional para escribir, hecho que compagina con la presión de las editoriales. Es posible que él ya no escriba para calmar su conciencia zarandeada por sus demonios internos. Parece que él ya no vive para escribir como en su primera etapa. Más por el contrario, en esta última, parece que él escribe para vivir.
Se podría decir que Vargas Llosa produce porque tiene que producir. Él tiene la obligación de cumplir con los contratos de antemano firmados. Esta problemática ha sido dolorosamente reconocida por muchos autores, entre ellos Julio Cortázar (1914-1984). Vargas Llosa, en el Discurso de Estocolmo, lo confesó de manera bastante soterrada. Leamos: “… siento a veces la amenaza de la parálisis de la sequía de la imaginación,…” (Vargas Llosa 10.12.2010)
Después de la novela líneas arriba mencionada, el filo del artista ha sido limado por la rutina del técnico. Producir una novela en un plazo de dos años debe ser tarea sencilla para un escritor profesional, altamente disciplinado, como Vargas Llosa. Pero ello redunda, ostensiblemente, en la calidad literaria de la obra. El producto final es una cantidad de libros similares a las mercancías que salen de las grandes fábricas. Como la marca-autor es conocida, la propaganda se encarga de transformar la ceniza en oro. Sumaron, sumaron, la calidad pasa a un segundo o tercer plano. Las ganancias, a pesar de que están de antemano garantizadas, son las que redondean el cuadrante.
Hay que mencionar que este tipo de producción hecha a largo plazo, de técnica depurada, de orden minucioso en la estructura de la historia, es uno de los motivos del por qué las novelas del autor aquí estudiado son fáciles de leer por un público no necesariamente informado literariamente. A la par, es el mismo motivo que permite una monocorde traducción-interpretación.
Hecha la aclaración respecto al rol del tiempo, al tipo de estructura, hay que insistir que en Vargas Llosa, otro de sus grandes méritos es su excelente técnica narrativa cultivada desde tiempos muy tempranos. En determinados pasajes ésta se eleva a gran nivel hasta devenir depurada. Esta técnica es producto del trabajo constante y persistente que lo singulariza. En este aspecto, Vargas Llosa está al nivel de los mejores escritores de habla española de todos los tiempos. Ligada a su técnica narrativa excelente, es menester mencionar su forma-estructura formidable, que aprendió de su maestro William Faulkner (1897-1962). En su libro Cartas a un joven novelista (1997) están sintetizadas las técnicas mencionadas.
Él comulga con la idea de que este logro es consecuencia del trabajo constante. De la dedicación permanente. Incluso, en algunos casos, puede ser este “don” el puente que conduce a la genialidad. Por lo tanto, para Vargas Llosa, el genio se hace, no nace. Cuando pone como ejemplo a Gustave Flaubert (1821-1880), evidencia lo que aquí afirmamos: “El talento de Flaubert es sobre todo fruto de una disciplina y de una terquedad en el trabajo: así es cómo va brotando el genio.” (Fresneda 2010: 52)
Un aspecto consustancial a lo anterior es la disciplina, el orden, la coherencia y la concatenación de los fenómenos en el discurrir narrativo que él ha conseguido perfeccionar gracias al placer de la corrección. Vargas Llosa es un escritor a quien le cuesta mucho elaborar el primer borrador. Pero esta desventaja es compensada sustancialmente con el acto-placer de corregir. Este ejercicio de corregir, más la ayuda de los correctores profesionales, le permite entregar la obra final casi sin fisuras, sin huecos, sin remiendos, sin hilvanes sueltos. En referencia al acápite, ver el libro del autor titulado Historia de una novela, publicado en 1971.
Sobre el primer borrador y la posterior corrección, Vargas Llosa declaró: “Al principio es muy duro.
El primer borrador es siempre tremendamente difícil. Cuando tengo más o menos una primera versión y puedo empezar a corregir y reestructurar la historia, es cuando la paso fantásticamente bien.” (Fresneda 2010: 52)
Por su dedicación absoluta al trabajo, el escritor ha dicho que él es un esclavo de su obra. Nosotros podríamos agregar que él rompe esas cadenas que lo atan con la herramienta-técnica altamente calificada que dispone. ¿Es por ello que cabría el calificativo de ingeniero literario? ¡Sí, cabría! Ya lo dijimos, hasta 1981, Vargas Llosa cuidaba celosamente el producto final de su creación. De ahí la importancia de la corrección y autocorrección. Esperando no exagerar, podríamos afirmar que este “ingeniero de la literatura” sabía muy bien qué herramienta-sustantivo utilizar, dónde va el tornillo-adjetivo, dónde la preposición-lubricante, dónde la pieza-frase de su maquinaria construida.
En resumidas cuentas un talento formado, una técnica depurada y una disciplina lograda nos dan como sumatoria final el novelista Mario Vargas Llosa. En otra instancia las relaciones, no sólo culturales, sino político-sociales, de propaganda-mercadeo y más el sentido de oportunidad del susodicho escritor cierran el círculo del éxito del Premio Nóbel de Literatura 2010.
Sobre lo último hay que decir que Vargas Llosa, desde el comienzo de su carrera literaria, tiene ese don o capacidad de ubicarse, siempre, en la cresta de los acontecimientos. Sean éstos políticos, sociales, culturales, deportivos, literarios o del espectáculo. Él, de la mano con las editoriales, ha sabido vender bien su figura en la gran prensa internacional. Del mismo modo él se ha interesado en promocionar su obra como ningún otro escritor en lengua española lo ha hecho. Conociendo cómo se mueve el mundo literario-cultural, estamos en condiciones de afirmar que Vargas Llosa es producto no sólo de su peso-calidad como escritor sino que al unísono se mueven otros hilos extra-literarios que compaginan con la política, con la ideología.
Los especialistas creen que Vargas Llosa es un novelista moderno. Que él se aleja ostensiblemente de los novelistas denominados clásicos. El escritor, tácitamente, acepta este calificativo. ¿Pero dónde radica la diferencia entre un novelista clásico y un novelista moderno? Se cree que la diferencia fundamental descansa en los diferentes roles que juegan el autor por un lado y el narrador por otro lado.
Aceptando como verdad esta premisa, Mario Vargas Llosa, tomando como ejemplo concreto la producción novelística francesa, cree que la última gran novela clásica es Los miserables (1856) de Víctor Hugo. La primera gran novela moderna es Madame Bovary (1850) de Gustave Flaubert. A pesar de la diferencia de 6 años de sus respectivas apariciones al público.
Leamos cómo argumenta Vargas Llosa los diferentes roles que desempeñan el autor y el narrador: “El narrador de una novela no es nunca el autor, aunque tome su nombre y use su biografía. Estos datos, si la novela es una novela (…), inevitablemente dejarán de ser lo que eran al convertirse en materiales de ficción, al combinarse con otros materiales, soñados, inventados o hurtados por el autor de otras canteras de lo real, al desenmascararse y mudar en palabras, música, imagen, orden, ritmo, tiempo narrativos. La primera invención que lleva a cabo el autor de una novela es siempre el narrador, sea éste un narrador impersonal que narra desde una tercera persona o un narrador-personaje, implicado en la acción, que relata sobre su yo.”
A renglón seguido, nuestro autor agrega: “Este personaje es siempre el más delicado de crear, pues de la oportunidad con que este maestro de ceremonias salga o entre en la historia, del lugar y momento en que se coloque para narrar, del nivel de realidad que elija para referir un episodio, de los datos que ofrezca u oculte, y del tiempo que dedique cada persona, hecho, sitio, dependerá exclusivamente de la verdad o la mentira, la riqueza o pobreza de lo que cuente.” (Vargas Llosa 2004: 47)
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Un hecho ingrato, de alguna forma lamentable, al hoy popular escritor Vargas Llosa, es que él no ha logrado construir, hasta ahora, ese maridaje, esa empatía al interior del público lector entre él y alguna de sus obras. Normalmente este principio es cercano a una regla que caracteriza a los grandes escritores como él.
Este fenómeno es una asociación mental, emocional, espontánea entre el autor y un título de su obra producida. En el caso Vargas Llosa, sencillamente hasta hoy no ha ocurrido este ensamble. Mencionamos esto en la medida que en la historia de la producción intelectual, en los grandes escritores, se ha dado y se da esa mutua correspondencia como una tautología. El autor es a la obra, como la obra es al autor.
Ilustremos con algunos casos. Se dice Homero y de inmediato se relaciona con Ilíada y Odisea, o viceversa. Se dice La república, y Platón viene a la mente, o viceversa. Se dice La divina comedia, y Dante aparece espontáneamente, o viceversa. Se menciona Maquiavelo, y El príncipe se nos presenta, o viceversa. Se menciona Romeo y Julieta, y es Shakespeare quien nos invade la mente, o viceversa. Se menciona a Goethe, y Fausto asoma por la puerta, o viceversa. Lo mismo se puede decir de Tolstói con Guerra y Paz o de Joyce con Ulises, etc.
En América Latina, más específicamente, en la generación del Boom de la novela latinoamericana, de la cual Vargas Llosa es miembro prominente, ocurre otro tanto. La relación en el público lector entre Julio Cortázar y Rayuela es frecuente. La historia se repite con Cien años de soledad y Gabriel García Márquez. Simplemente se menciona al autor, y el título de la obra aparece automáticamente en la mente. O al revés, se menciona la obra, y el nombre del autor suena espontáneamente.
En el caso de Vargas Llosa, coincidiendo con muchos de sus críticos y público lector especializado, ha declarado que sus mejores novelas son aquellas que más le han costado escribirlas. Es por ello que son a éstas a quienes más valora. Leamos: “Los libros que más aprecio son los más difíciles, precisamente los que más trabajo me han costado. En cierto modo es la ley de la vida: siempre aprecias más lo que más te cuesta. Me costó mucho trabajo escribir Conversación en la Catedral. Me costó muchísimo trabajo La guerra del fin del mundo, la primera novela que escribía ambientada fuera del Perú.” (Fresneda 2010: 52)
A pesar de lo afirmado, las novelas Conversaciones en la catedral (1969) y La guerra del fin del mundo (1981) no tienen el reconocimiento, menos la popularidad, que Vargas Llosa desearía. Más por el contrario, una de sus novelas menos logradas, a decir del mismo autor, es la más popular. La susodicha obra está en el nivel de las “novelitas cursis y sensibleras”, como él las califica.
Aludimos a La tía Julia y el escribidor (1977). Es la clásica novela rosa. La conocida novela repetitiva. La novela del cuchicheo. La novela del chisme casero. Un tipo de novela que se produce por kilómetros, para unos gustos, o por toneladas, para otros gustos, en el mundo entero. Aquí viene lo trágico y lo cómico. La historia, como la literatura, se burla frecuentemente, no sólo de los humildes, sino también de los encumbrados.
Vargas Llosa, en este punto concreto, está en carrera contra el tiempo. Para intentar remontar esta ingrata realidad al interior del público lector, le quedan pocos años. Él desearía, como es lícito y justo, que sus lectores lo recuerden por el título de una de sus novelas mejor logradas artísticamente. No por una obra considerada del montón. Pero en la vida la luz va acompañada de la sombra. Detrás de las grandezas se agazapan de igual manera las miserias.
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En 2010, la Academia sueca le otorgó el Premio Nóbel de Literatura a Mario Vargas Llosa. Sobre este premio, deseamos hacer algunas atingencias. En términos generales, la decisión del jurado varía según las circunstancias sociales. Los intereses políticos e ideológicos no están, de ninguna manera, al margen de la decisión.
Por lo dicho, la calidad literaria no siempre es el argumento determinante en la elección. En buena medida los logros artísticos-literarios son postergados, muchas veces, al vaivén de las necesidades ideológico-políticas. De no ser así, sería difícil entender-explicar por qué se le concedió el Premio Nóbel de Literatura a Winston Chruchill (1874-1965), en el año 1953, en la medida que este político no escribió obra literaria ni regular, ni mala.
En contraposición, a muchos que realmente lo merecieron, el premio les fue esquivo. Es el caso de León Tolstói, Marcel Proust, Franz kafka, Reiner María Rilke, James Joyce, Virginia Woolf, André Malraux, Bertolt Brecht, Heinrich Mann, Rubén Darío, César Vallejo, Jorge Luis Borges, etc. No obstante ello, éstos siguen viviendo en sus obras. En la medida de que ellas siguen siendo leídas. Hasta se puede decir que son populares después de muchas décadas de haber sido publicadas.
Después que sus autores, hace buen tiempo, desaparecieron físicamente. En las obras de los mencionados se cumple lo que Johann W. Goethe (1749-1832) escribió: “Lo que brilla es obra de un momento: lo verdaderamente bello no se pierde para la posteridad.” (Goethe 1985: 32)
Luego se da un par de novelistas que han rechazado el Premio Nóbel de Literatura. Ellos son el soviético Boris Pasternak (1890-1960), en 1958, y en 1964, el francés Jean-Paul Sastre (1905-1980). El primero, se dice que, presionado por la cúpula soviética, no aceptó el premio. El segundo, porque él se consideraba, antes que un literato, un filósofo. A pesar de la no aceptación, en contra de la voluntad de los aludidos, la academia los siguió considerando como Premiados.
Lo contrario sucede con los Premios Nóbel de Literatura que casi nadie los conoce, menos los leen. Hagamos el esfuerzo supremo de recordar a estos casi ilustres desconocidos. El francés Federico Mistral (1830-1914), los españoles José Echegaray (1832-1916) y Jacinto Benavente (1866-1954), la alemana Nelly Sachs (1891-1970) y la italiana Grazia Deledda (1871-1936), etc. Algunos se preguntan: ¿Cuales fueron los méritos de los mencionados para que se les haya otorgado dicho premio? El motivo es sencillo. Fedor Dostoyevski (1821-1881), exagerando un poco, adelantándose décadas a estos laureados personajes y a su inmerecida gloria, escribió: “Hemos coronado de laurel cabezas piojosas.” (Dostoyevski 1984: 52)
Luego hay otro grupo de escritores premiados que apenas son leídos, en la mayoría de los casos por obligación, en sus respectivos países. Al pasar el tiempo se van deslizando sobre un plano inclinado al lugar que ocupan las “…cabezas piojosas”. La mayoría de los nueve Premios Nóbel de habla hispana corren, aceleradamente, en dirección del inefable olvido.
Como corolario se puede afirmar, en torno a la mayoría de los galardonados que fueron premiados, que no lo merecieron. No fueron premiados muchos de los que sí lo merecieron. En la lista están muchos de los que no deberían estar. No están muchos de los que deberían estar.
Hagamos algunas atingencias en el caso de Vargas Llosa. En su obra no se expresa el dolor-optimismo humano que se cobija en los poemas de César Vallejo. No se encuentra la formidable capacidad de síntesis-imaginación plasmada en los cuentos de Jorge Luis Borges. No existe la desbordante fantasía que transpira la obra de Gabriel García Márquez. Sólo mencionamos a tres paisanos suyos que han escrito en el mismo idioma que él. Como poeta, como cuentista y como novelista, Vargas Llosa está bastante rezagado de los mencionados.
Él, como un gran técnico del idioma, como “ingeniero de la literatura”, seguirá siendo leído por un público amplio mientras viva. Luego de tres o cuatro décadas, quedará reducido al mundo de los especialistas. El motivo esencial es que en ninguna de sus obras palpitan las luces-sombras que bullen en el alma humana. Este cruce de caminos de las grandezas-miserias humanas es el demiurgo fundamental que hace imperecederos a los escritores de valor.
En otras palabras, por carecer de ese amasijo esencial de la singularidad-generalidad-espiritualidad, se irá desvaneciendo al correr del tiempo. Las ventas garantizan la popularidad sin duda alguna. Pero no es condición para la perdurabilidad. Esto sólo es consecuencia de la profunda espiritualidad humana, amalgamada con la belleza, que toda gran obra literaria normalmente sintetiza.
Sólo la técnica depurada, sólo la belleza sublimada, dice poco, frecuentemente nada. Si las aislamos de las vivencias del quehacer humano, la técnica por la técnica, la belleza por la belleza, caen en el vacío. Diferente es cuando el arte-técnica engendra vida. En la medida que la vida es la fuente de toda fantasía. La vida es el amasijo donde germinan los sentimientos humanos más profundos. La vida es el rincón donde moran los altos ideales humanos. Lo afirmado fue sintetizado por André Malraux (1901-1976), en la Condición humana, en estos términos: “Hay que introducir los medios del arte en la vida, amigo mío; no para hacer arte, ¡ah, no, por Dios!, sino para hacer más vida.” (Malraux 2003: 255)
El espinoso camino transitado por los grandes escritores, Vargas Llosa ha intentado recorrerlo y se ha quedado en un recodo. Nos referimos al esfuerzo emocional, unido a la proeza mental, que partiendo del sentimiento-fantasía se eleva hasta el concepto-razón. Luego, amalgamado por la alquimia estética, vuelve a recorrer el mismo camino, pero en sentido inverso. Del concepto-razón al sentimiento-fantasía. En otros términos, de la sustancia se eleva a la trascendencia. De la trascendencia vuelve elevarse a otra sustancia la que, sin perder del todo su condición anterior, ya no es la misma porque en potencia es otra. Y así sucesivamente hasta el infinito.
Si tomamos en cuenta estos antecedentes, el caso de Mario Vargas Llosa con su Premio Nóbel de Literatura 2010, no debe llamarnos mucho la atención. No necesariamente los premiados son quienes merecen el galardón. De igual modo, tampoco es condición que los premiados pasen a formar parte de los clásicos de la literatura universal. El susodicho dispone de una excelente técnica literaria. Él es un trabajador incansable del idioma. Estos méritos no son suficientes para que su obra perdure por décadas o por generaciones, necesariamente.
Finalmente deseamos mencionar que los referentes espaciales de su recorrido literario han ido de lo singular, pasando por lo general, hasta llegar a lo universal. La primera etapa se circunscribió a su país de origen. Luego pasó al continente americano. De éste dio el salto al mundo.
Desde el año 1959, que publicó su primer libro, hasta el año 1978, su referente geográfico fue el Perú en sus tres regiones naturales. El año 1981 se trasladó a otra parte del continente (al Brasil), cuando publicó La guerra del fin del mundo. Luego continuará en la República Dominicana, en el año 2000, con La fiesta del chivo. Mientras que, a partir de El paraíso en la otra esquina (2003), sus espacios referenciales serán diferentes zonas del planeta, especialmente Europa. En otras se prolonga al Lejano Oriente, como en La chica mala. Finalmente, en Las memorias del celta (2010), son comprendidos tres continentes: Europa, África y América.
Por el lado del tiempo, éste siempre es variado, en la medida que la mayoría de sus historias narradas obedecen a experiencias personales y hechos histórico-sociales tangibles. Con respecto a sus personajes, todos son de carne y hueso que fluctúan entre delincuentes, prostitutas, perversos, malvados, mataperros, soldados, revolucionarios, homosexuales, predicadores, dictadores, aventureros, etc. En pocas palabras, la mayoría son seres excluidos del orden. Elementos marginales de la sociedad formal.
Un hecho que caracteriza a muchos personajes en las obras de Vargas Llosa es una rara combinación de tipos frustrados (El Jaguar, Fuchin, Zavala, El Consejero, Mayta, etc. Por otro lado, son personajes progresistas, de izquierda y hasta comunistas (Huamaní, Asunta, las Mirabal, etc.) En la etapa que al autor se consideraba, y era considerado de izquierda, la mayoría de sus personajes tenían las características de los primeros. Mientras que en su etapa declaradamente conservadora, aparecen muchos personajes con las características de los segundos.
Esto demuestra, una vez más, que el arte y la política, más aún si éstas son revolucionarias, no siempre caminan en contradictoria-armonía. Por el contrario, frecuentemente, sus caminos se anteponen, se sobreponen y hasta se bifurcan. Son muy pocos los que han logrado sintonizar, con un mínimo de sacrificios mutuos, ser revolucionario en el arte y la política o ser revolucionarios en la política y el arte. G. Büchner, H. Heine, H. Mann, B. Brecht, C. Vallejo, M. Benedetti podrían ser algunos de sus mayores exponentes.
El Libro y sus Críticos
Algún tiempo después de haber sido terminada la investigación, Tectum Verlag, empresa ubicada en la ciudad de Marburg, se interesó en publicar la investigación en forma de libro. Hasta la fecha que se escribe este prólogo a la cuarta edición, es decir, 12 años después de la primera edición, han aparecido, con algunas modificaciones pequeñas, tres ediciones.
En estos años se han escrito algunos estudios y una regular cantidad de reseñas sobre la presente investigación. De lo mencionado deseamos nombrar un par de cada cual. Los primeros corren a cargo de peruanos: el lingüista y profesor universitario César Ángeles (1961-) y el escritor Eduardo Ibarra (1944-). De los segundos, mencionemos el del politólogo alemán Reiner Huhle (1946-) y el del filólogo francés Guy Nondier (1941-).
El trabajo de Ángeles (2001) lleva por título: Mario Vargas Llosa: Historia de un deicidio. En torno a un nuevo ensayo crítico sobre el escritor peruano. Mientras que el de Ibarra (2002) se titula: Mario Vargas Llosa. El frustrado compromiso de un escritor.
La verdad es que después de más de una década de la primera lectura, releo los escritos mencionados. Lo sustancial es que las coincidencias teóricas-conceptuales son evidentes entre las plasmadas en el libro y las vertidas por los estudiosos aquí mencionados. A la par, las críticas son más de forma que de fondo. Éstas son las razones del por qué no insistiremos en comentar, debatir o rebatir las opiniones de los estudiosos líneas arriba mencionados.
En el caso de Reiner Hohle, hay algo que deseamos mencionar. Él piensa que en el trabajo: “no se profundiza debidamente en el caso Uchuracay”, donde Vargas Llosa fue el Presidente de la Comisión que investigó la matanza de los periodistas en el año 1983. Además cree que “esta investigación es una biografía política de Vargas Llosa”. Como consecuencia, ésta termina en este plano “en el año 1990”, a nivel literario “en 2000 con la Fiesta del Chivo”, por lo tanto, “… la biografía política del escritor queda aún por escribirse”.
Hay que decir, respecto al caso Uchuracay, que en el libro se sostiene que en el informe emitido por esta Comisión se dice que ella “… ha llegado a la convicción absoluta de que el asesinato de los periodistas fue obra de los comuneros”, en la medida “que los confundieron con terroristas” de Sendero Luminoso, a sus “cámaras fotográficas con armas de fuego”. La conclusión final reza: “Todos los peruanos somos culpables de la tragedia pues no supimos civilizarlos.”
En este informe no se menciona que la zona había sido preparada, previamente, por las Fuerzas Armadas. Trabajada bajo la concepción de la Guerra de baja intensidad, como se vio posteriormente cuando la acción subversiva se fue ampliando a otras zonas del país. Las denominadas “montoneras” y “rondas campesinas” compuestas por campesinos-indígenas, organizadas y orientadas por las Fuerzas Armadas, tuvieron en Uchuracay su partida de nacimiento.
Respecto a la biografía política, ésta no es verdad. Por lo menos ésta no fue nuestra intención cuando realizamos la investigación. No es una biografía política ni literaria de Vargas Llosa. Que recurramos, en el proceso de la investigación, a datos históricos del personaje para explicar acciones políticas, giros ideológicos y su producción literaria, o lo contrario, no significa necesariamente que ésta sea una investigación biográfica en el sentido estricto del término.
Por su parte el profesor de la Universidad de Rouen sostiene “que con los zigzagueos” conocidos, “Vargas Llosa es mucho más que el portavoz de la gran burguesía latinoamericana”. Ésta es una de las conclusiones a la que llegamos en la investigación. Efectivamente, en gran medida se dice en ella que Vargas Llosa es mucho más que eso. En cualquier nivel de la vida, el escritor es un caso especial al interior del conjunto de intelectuales latinoamericanos de su tiempo y su nivel.
Sus giros ideológicos, sus cambios políticos, son extremos. Su defensa de los mismos es apasionada. Su defensa del “orden democrático-liberal”, de la “libre empresa”, en las últimas décadas, es persistente. Su anticomunismo es visceral y consecuente.
Por último, como resultado del otorgamiento del Premio Nóbel a Vargas Llosa en 2010, el libro, que se había circunscrito al mundo académico-intelectual, logró abrirse cierto espacio y así ganar algo de popularidad. La misma se acentuó cuando el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet (1943-), publicó en dicho mensuario (noviembre 2010) un artículo titulado Los dos Vargas Llosa, en el cual se menciona un par de veces a esta investigación.
Vargas Llosa Literato
El Premio Nóbel de Literatura del año 2010 es un personaje controvertido, de trayectoria zigzagueante y con un sin número de inquietudes personales. Él ha declarado, en varias oportunidades, que por sobre todo tiene dos grandes pasiones en su vida: la literatura y la política, o viceversa.
En el campo de la literatura, Vargas Llosa es poeta, dramaturgo, cuentista, novelista, actor, periodista. Mientras que en el de la política, ha sido militante partidario en la clandestinidad, dirigente político público, candidato presidencial, propagandista político, difusor de ideas, y hasta pretendió ser ideólogo. Todo ello se complementa con su vida privada. Él fue casado dos veces, es padre de familia y profesor universitario en varias universidades.
En la trayectoria político-literaria de Vargas Llosa se cumple esa conocida metáfora que reza: su vida es como una flecha disparada a diferentes blancos. De los muchos personajes del mundo político-literario que él admira, probablemente, con quien mejor compaginaría sería con Víctor Hugo (1818-1885). Al multifacético escritor francés lo comenzó a leer en sus años de adolescencia. Eran sus tiempos en el Colegio Militar Leoncio Prado.
Es posible que desde entonces haya sido hechizado por la azarosa vida política, por la fecunda producción literaria del autor de la novela El noventa y tres.
A partir de entonces, Vargas Llosa se ha empeñado, proponiéndose o no, en imitar a Víctor Hugo hasta en detalles insignificantes. Su admiración por dicho autor la coronó con su estudio sobre la novela Los miserables. El mencionado trabajo fue publicado en el año 2004. Lleva por título La tentación de lo imposible.
A primera vista, las coincidencias entre estos dos escritores son evidentes. No obstante este parecido, hay una diferencia fundamental. Es lo referente a la dirección de sus respectivas trayectorias ideológico-políticas. Para dar crédito a lo afirmado, remitámonos a lo escrito por Vargas Llosa respecto a la evolución de Víctor Hugo en el nivel mencionado. Sus palabras: “A diferencia de los escritores que comienzan siendo revolucionarios y terminan reaccionarios, él, de joven, fue monárquico, legitimista y vendéen, como su madre, luego orleanista en los tiempos de Louis Philippe; en su vejez, liberal, republicano y, en los días de la Comuna, vagamente socializante y anarquista. ¿Fue esta una evolución natural o dictada por la conveniencia?” (Vargas Llosa 2004: 139)
La pregunta formulada por Vargas Llosa, en la parte final, encuentra su respuesta, en el mismo texto, algunas líneas después. En ella, una vez más, se vuelven a encontrar el estudioso y el estudiado como dos figuras hechas de la misma arcilla. Como dos personajes salidos del mismo molde. Leamos: “… los cambios políticos del gran escritor son sospechosos de oportunismo pues siempre coinciden con la dirección que toma el Poder y le granjea honores y mercedes, (…) las posiciones políticas de Hugo nos parece tan dudosa como esa filosofía camaleónica que lo llevó a escribir esta nota en septiembre de 1848: `Yo soy rojo con los rojos, blanco con los blancos, azul con los azules. En otros términos, estoy por el pueblo, por el orden y por la libertad.´” (Vargas Llosa 2004: 139 y 140)
Cuando el novelista escribió lo que acabamos de leer, nos preguntamos: ¿Habrá tenido el buen tino Vargas Llosa de recordar su trayectoria ideológico-política? En la medida que, adjetivos más o adjetivos menos, lo mismo se podría afirmar de él. Teniendo presente que el escritor dice haber sido, ideológica y políticamente, comunista. Luego democristiano. Posteriormente adherente y defensor de la Revolución Cubana. Continuó como socialdemócrata convencido. Enseguida dio un salto hacia el neoliberalismo o “fundamentalismo liberal”. A partir de la crisis bancaria iniciada en 2008, se observa algunos tibios coqueteos con la socialdemocracia en sus planteamientos ideológico-políticos. Intentemos un artificio elemental. En la última cita transcrita, reemplacemos el nombre Víctor Hugo por el de Vargas Llosa. El resultado será más que evidente.
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Mario Vargas Llosa como poeta, dramaturgo, cuentista o actor no tiene la calidad, tampoco la fama, que ha ganado como periodista y, particularmente, como novelista. En el rubro de los denominados géneros menores, su producción, siendo respetable cuantitativamente, es insignificante cualitativamente. A contrapelo de la prolífera propaganda realizada por las editoriales y el sostenido esfuerzo personal para lograr reconocimiento en este nivel de su producción.
Para escribir poesía, cuento, teatro o novela, el rol del tiempo es fundamental. El buen poeta sólo necesitaría de algunos minutos para escribir un poema que trascienda lo circunstancial. La capacidad de síntesis del buen cuentista necesita algunas horas para plasmar una historia que perdure décadas.
El mismo libreto se repite con el buen dramaturgo, que necesita algunas horas para elaborar una pieza teatral donde estén plasmados sustratos esenciales de la condición humana. De igual manera, el actor requiere dos o tres entradas en escena para hacer del espectador un actor más. Mientras que el buen novelista necesita meses, años, cuando no décadas, para escribir una excelente novela. La que de ser tal, será leída muchas décadas después de haber sido publicada o después de que su autor haya desaparecido biológicamente.
En este acápite, en la producción novelística, el rol del tiempo es determinante. Nuestro autor es de la misma opinión. Leamos lo que escribe al respecto: “Una novela, como una vida humana, se compone de acontecimientos importantes y hechos rutinarios y triviales. A diferencia de lo que suele ocurrir en un poema o en un cuento, géneros que por forma breve y ceñida llegan a veces a construir unidades de extraordinaria homogeneidad, en las que todos los elementos tienen la misma riqueza conceptual y retórica, en la novela, género imperfecto debido a su extensión, sus elementos populosos, y a la influencia en ella del factor temporal, los episodios que se trenzan en su estructura son inevitablemente desiguales, esenciales algunos, otros de significación menor y otros sólo instrumentales, meros puentes destinados a relacionar entre sí los hechos capitales y a asegurar la fluidez del tiempo narrativo, la ilusión de un transcurrir.” (Vargas Llosa 2004: 60 y 61)
A la par de lo afirmado, hay que recordar que es consenso al interior de los especialistas decir que Vargas Llosa no tiene la genialidad del gran poeta. Vargas Llosa carece de la capacidad sintética del gran cuentista. A Vargas Llosa le es extraño el talento de un gran dramaturgo. Por último, como actor, nos ahorramos comentarios. Lo dicho es la razón del por qué, en los subgéneros mencionados, es un personaje más entre los centenares que abundan en el mundo de la creación o actuación.
El escritor, por su carácter, por su personalidad, por formación-socialización, es una mente difusa y hasta confusa, que exterioriza en sus puntos de vistas por demás cambiantes. En otro nivel, él es un personaje muy locuaz. De léxico exuberante preñado de adjetivos, donde el calificativo se lleva la bandera. Y en algunas ocasiones, cuando escribe, los adornos desbordan, las blondas se sobreponen, los encajes se exceden en la pieza descrita o en la sábana narrada. Lo afirmado por el crítico literario Oswaldo Gallone (1952-) en referencia al novelista Jonathan Franzen (1959-), en gran medida, es aplicable también a Vargas Llosa. Sus palabras: “… el escritor pretende demostrar todo lo que es capaz de hacer y suele caer en la sobre-escritura.” (Gallone: 2010: 37)
Vargas Llosa es un adjetivador por excelencia. Él es un conversador incansable. Es un hablador que encandila a sus oyentes contando, muchas veces, la misma historia con diferentes adjetivos; en variados tonos, con sugestivos gestos. En dos frases, un hombre con muchas luces en las figuras. Un hombre con muchas sombras en los conceptos, como veremos posteriormente.
El Premio Nóbel de Literatura 2010, en buena medida, piensa, habla y hasta convence con figuras, gestos, metáforas y ademanes. La conversación, la exposición, la descripción y la plasmación de este ramillete verbal sobre el papel es el mayor mérito del novelista.
Más aún, en ese tiempo de largo aliento para escribir una novela, él trabaja con esquemas cerrados, los que darían la impresión de que se condicionan mutuamente. En ellos van conteniendo los bloques, unos al interior de otros, los que en determinados momentos se abren para nuevamente volverse a cerrar. Esas estructuras rígidas tienen el mérito de acometerse, hasta confundirse en la forma, para luego recobrar en esencia sus antiguas fronteras verbales.
Vargas Llosa es el típico neoestructuralista. Él cubre magistralmente los orificios, las cerraduras y las fisuras de su trama narrada con ese bagaje de figuras que su conocimiento dispone. Con la sinfonía de palabras que su manantial cultural lo alimenta. Ya hemos dicho, en muchos casos, hasta en exceso. Lo afirmado se puede comprobar leyendo hasta la novela titulada La guerra de fin del mundo. Nos referimos al acápite de los esquemas-estructuras, de la técnica narrativa, el papel del autor-relator y más su predisposición a la autocorrección permanente. Historia distinta son las novelas que se publicaron después de 1981.
Después de La guerra del fin del mundo, novela fronteriza por su ámbito geográfico y calidad literaria, daría la impresión de que el escritor se informa menos respecto a sus temas histórico-sociales tratados. Las imprecisiones de datos, en un nivel, los hilvanes sueltos, en otro, son más que evidentes y frecuentes. La razón podría ser la pérdida de la savia emocional para escribir, hecho que compagina con la presión de las editoriales. Es posible que él ya no escriba para calmar su conciencia zarandeada por sus demonios internos. Parece que él ya no vive para escribir como en su primera etapa. Más por el contrario, en esta última, parece que él escribe para vivir.
Se podría decir que Vargas Llosa produce porque tiene que producir. Él tiene la obligación de cumplir con los contratos de antemano firmados. Esta problemática ha sido dolorosamente reconocida por muchos autores, entre ellos Julio Cortázar (1914-1984). Vargas Llosa, en el Discurso de Estocolmo, lo confesó de manera bastante soterrada. Leamos: “… siento a veces la amenaza de la parálisis de la sequía de la imaginación,…” (Vargas Llosa 10.12.2010)
Después de la novela líneas arriba mencionada, el filo del artista ha sido limado por la rutina del técnico. Producir una novela en un plazo de dos años debe ser tarea sencilla para un escritor profesional, altamente disciplinado, como Vargas Llosa. Pero ello redunda, ostensiblemente, en la calidad literaria de la obra. El producto final es una cantidad de libros similares a las mercancías que salen de las grandes fábricas. Como la marca-autor es conocida, la propaganda se encarga de transformar la ceniza en oro. Sumaron, sumaron, la calidad pasa a un segundo o tercer plano. Las ganancias, a pesar de que están de antemano garantizadas, son las que redondean el cuadrante.
Hay que mencionar que este tipo de producción hecha a largo plazo, de técnica depurada, de orden minucioso en la estructura de la historia, es uno de los motivos del por qué las novelas del autor aquí estudiado son fáciles de leer por un público no necesariamente informado literariamente. A la par, es el mismo motivo que permite una monocorde traducción-interpretación.
Hecha la aclaración respecto al rol del tiempo, al tipo de estructura, hay que insistir que en Vargas Llosa, otro de sus grandes méritos es su excelente técnica narrativa cultivada desde tiempos muy tempranos. En determinados pasajes ésta se eleva a gran nivel hasta devenir depurada. Esta técnica es producto del trabajo constante y persistente que lo singulariza. En este aspecto, Vargas Llosa está al nivel de los mejores escritores de habla española de todos los tiempos. Ligada a su técnica narrativa excelente, es menester mencionar su forma-estructura formidable, que aprendió de su maestro William Faulkner (1897-1962). En su libro Cartas a un joven novelista (1997) están sintetizadas las técnicas mencionadas.
Él comulga con la idea de que este logro es consecuencia del trabajo constante. De la dedicación permanente. Incluso, en algunos casos, puede ser este “don” el puente que conduce a la genialidad. Por lo tanto, para Vargas Llosa, el genio se hace, no nace. Cuando pone como ejemplo a Gustave Flaubert (1821-1880), evidencia lo que aquí afirmamos: “El talento de Flaubert es sobre todo fruto de una disciplina y de una terquedad en el trabajo: así es cómo va brotando el genio.” (Fresneda 2010: 52)
Un aspecto consustancial a lo anterior es la disciplina, el orden, la coherencia y la concatenación de los fenómenos en el discurrir narrativo que él ha conseguido perfeccionar gracias al placer de la corrección. Vargas Llosa es un escritor a quien le cuesta mucho elaborar el primer borrador. Pero esta desventaja es compensada sustancialmente con el acto-placer de corregir. Este ejercicio de corregir, más la ayuda de los correctores profesionales, le permite entregar la obra final casi sin fisuras, sin huecos, sin remiendos, sin hilvanes sueltos. En referencia al acápite, ver el libro del autor titulado Historia de una novela, publicado en 1971.
Sobre el primer borrador y la posterior corrección, Vargas Llosa declaró: “Al principio es muy duro.
El primer borrador es siempre tremendamente difícil. Cuando tengo más o menos una primera versión y puedo empezar a corregir y reestructurar la historia, es cuando la paso fantásticamente bien.” (Fresneda 2010: 52)
Por su dedicación absoluta al trabajo, el escritor ha dicho que él es un esclavo de su obra. Nosotros podríamos agregar que él rompe esas cadenas que lo atan con la herramienta-técnica altamente calificada que dispone. ¿Es por ello que cabría el calificativo de ingeniero literario? ¡Sí, cabría! Ya lo dijimos, hasta 1981, Vargas Llosa cuidaba celosamente el producto final de su creación. De ahí la importancia de la corrección y autocorrección. Esperando no exagerar, podríamos afirmar que este “ingeniero de la literatura” sabía muy bien qué herramienta-sustantivo utilizar, dónde va el tornillo-adjetivo, dónde la preposición-lubricante, dónde la pieza-frase de su maquinaria construida.
En resumidas cuentas un talento formado, una técnica depurada y una disciplina lograda nos dan como sumatoria final el novelista Mario Vargas Llosa. En otra instancia las relaciones, no sólo culturales, sino político-sociales, de propaganda-mercadeo y más el sentido de oportunidad del susodicho escritor cierran el círculo del éxito del Premio Nóbel de Literatura 2010.
Sobre lo último hay que decir que Vargas Llosa, desde el comienzo de su carrera literaria, tiene ese don o capacidad de ubicarse, siempre, en la cresta de los acontecimientos. Sean éstos políticos, sociales, culturales, deportivos, literarios o del espectáculo. Él, de la mano con las editoriales, ha sabido vender bien su figura en la gran prensa internacional. Del mismo modo él se ha interesado en promocionar su obra como ningún otro escritor en lengua española lo ha hecho. Conociendo cómo se mueve el mundo literario-cultural, estamos en condiciones de afirmar que Vargas Llosa es producto no sólo de su peso-calidad como escritor sino que al unísono se mueven otros hilos extra-literarios que compaginan con la política, con la ideología.
Los especialistas creen que Vargas Llosa es un novelista moderno. Que él se aleja ostensiblemente de los novelistas denominados clásicos. El escritor, tácitamente, acepta este calificativo. ¿Pero dónde radica la diferencia entre un novelista clásico y un novelista moderno? Se cree que la diferencia fundamental descansa en los diferentes roles que juegan el autor por un lado y el narrador por otro lado.
Aceptando como verdad esta premisa, Mario Vargas Llosa, tomando como ejemplo concreto la producción novelística francesa, cree que la última gran novela clásica es Los miserables (1856) de Víctor Hugo. La primera gran novela moderna es Madame Bovary (1850) de Gustave Flaubert. A pesar de la diferencia de 6 años de sus respectivas apariciones al público.
Leamos cómo argumenta Vargas Llosa los diferentes roles que desempeñan el autor y el narrador: “El narrador de una novela no es nunca el autor, aunque tome su nombre y use su biografía. Estos datos, si la novela es una novela (…), inevitablemente dejarán de ser lo que eran al convertirse en materiales de ficción, al combinarse con otros materiales, soñados, inventados o hurtados por el autor de otras canteras de lo real, al desenmascararse y mudar en palabras, música, imagen, orden, ritmo, tiempo narrativos. La primera invención que lleva a cabo el autor de una novela es siempre el narrador, sea éste un narrador impersonal que narra desde una tercera persona o un narrador-personaje, implicado en la acción, que relata sobre su yo.”
A renglón seguido, nuestro autor agrega: “Este personaje es siempre el más delicado de crear, pues de la oportunidad con que este maestro de ceremonias salga o entre en la historia, del lugar y momento en que se coloque para narrar, del nivel de realidad que elija para referir un episodio, de los datos que ofrezca u oculte, y del tiempo que dedique cada persona, hecho, sitio, dependerá exclusivamente de la verdad o la mentira, la riqueza o pobreza de lo que cuente.” (Vargas Llosa 2004: 47)
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Un hecho ingrato, de alguna forma lamentable, al hoy popular escritor Vargas Llosa, es que él no ha logrado construir, hasta ahora, ese maridaje, esa empatía al interior del público lector entre él y alguna de sus obras. Normalmente este principio es cercano a una regla que caracteriza a los grandes escritores como él.
Este fenómeno es una asociación mental, emocional, espontánea entre el autor y un título de su obra producida. En el caso Vargas Llosa, sencillamente hasta hoy no ha ocurrido este ensamble. Mencionamos esto en la medida que en la historia de la producción intelectual, en los grandes escritores, se ha dado y se da esa mutua correspondencia como una tautología. El autor es a la obra, como la obra es al autor.
Ilustremos con algunos casos. Se dice Homero y de inmediato se relaciona con Ilíada y Odisea, o viceversa. Se dice La república, y Platón viene a la mente, o viceversa. Se dice La divina comedia, y Dante aparece espontáneamente, o viceversa. Se menciona Maquiavelo, y El príncipe se nos presenta, o viceversa. Se menciona Romeo y Julieta, y es Shakespeare quien nos invade la mente, o viceversa. Se menciona a Goethe, y Fausto asoma por la puerta, o viceversa. Lo mismo se puede decir de Tolstói con Guerra y Paz o de Joyce con Ulises, etc.
En América Latina, más específicamente, en la generación del Boom de la novela latinoamericana, de la cual Vargas Llosa es miembro prominente, ocurre otro tanto. La relación en el público lector entre Julio Cortázar y Rayuela es frecuente. La historia se repite con Cien años de soledad y Gabriel García Márquez. Simplemente se menciona al autor, y el título de la obra aparece automáticamente en la mente. O al revés, se menciona la obra, y el nombre del autor suena espontáneamente.
En el caso de Vargas Llosa, coincidiendo con muchos de sus críticos y público lector especializado, ha declarado que sus mejores novelas son aquellas que más le han costado escribirlas. Es por ello que son a éstas a quienes más valora. Leamos: “Los libros que más aprecio son los más difíciles, precisamente los que más trabajo me han costado. En cierto modo es la ley de la vida: siempre aprecias más lo que más te cuesta. Me costó mucho trabajo escribir Conversación en la Catedral. Me costó muchísimo trabajo La guerra del fin del mundo, la primera novela que escribía ambientada fuera del Perú.” (Fresneda 2010: 52)
A pesar de lo afirmado, las novelas Conversaciones en la catedral (1969) y La guerra del fin del mundo (1981) no tienen el reconocimiento, menos la popularidad, que Vargas Llosa desearía. Más por el contrario, una de sus novelas menos logradas, a decir del mismo autor, es la más popular. La susodicha obra está en el nivel de las “novelitas cursis y sensibleras”, como él las califica.
Aludimos a La tía Julia y el escribidor (1977). Es la clásica novela rosa. La conocida novela repetitiva. La novela del cuchicheo. La novela del chisme casero. Un tipo de novela que se produce por kilómetros, para unos gustos, o por toneladas, para otros gustos, en el mundo entero. Aquí viene lo trágico y lo cómico. La historia, como la literatura, se burla frecuentemente, no sólo de los humildes, sino también de los encumbrados.
Vargas Llosa, en este punto concreto, está en carrera contra el tiempo. Para intentar remontar esta ingrata realidad al interior del público lector, le quedan pocos años. Él desearía, como es lícito y justo, que sus lectores lo recuerden por el título de una de sus novelas mejor logradas artísticamente. No por una obra considerada del montón. Pero en la vida la luz va acompañada de la sombra. Detrás de las grandezas se agazapan de igual manera las miserias.
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En 2010, la Academia sueca le otorgó el Premio Nóbel de Literatura a Mario Vargas Llosa. Sobre este premio, deseamos hacer algunas atingencias. En términos generales, la decisión del jurado varía según las circunstancias sociales. Los intereses políticos e ideológicos no están, de ninguna manera, al margen de la decisión.
Por lo dicho, la calidad literaria no siempre es el argumento determinante en la elección. En buena medida los logros artísticos-literarios son postergados, muchas veces, al vaivén de las necesidades ideológico-políticas. De no ser así, sería difícil entender-explicar por qué se le concedió el Premio Nóbel de Literatura a Winston Chruchill (1874-1965), en el año 1953, en la medida que este político no escribió obra literaria ni regular, ni mala.
En contraposición, a muchos que realmente lo merecieron, el premio les fue esquivo. Es el caso de León Tolstói, Marcel Proust, Franz kafka, Reiner María Rilke, James Joyce, Virginia Woolf, André Malraux, Bertolt Brecht, Heinrich Mann, Rubén Darío, César Vallejo, Jorge Luis Borges, etc. No obstante ello, éstos siguen viviendo en sus obras. En la medida de que ellas siguen siendo leídas. Hasta se puede decir que son populares después de muchas décadas de haber sido publicadas.
Después que sus autores, hace buen tiempo, desaparecieron físicamente. En las obras de los mencionados se cumple lo que Johann W. Goethe (1749-1832) escribió: “Lo que brilla es obra de un momento: lo verdaderamente bello no se pierde para la posteridad.” (Goethe 1985: 32)
Luego se da un par de novelistas que han rechazado el Premio Nóbel de Literatura. Ellos son el soviético Boris Pasternak (1890-1960), en 1958, y en 1964, el francés Jean-Paul Sastre (1905-1980). El primero, se dice que, presionado por la cúpula soviética, no aceptó el premio. El segundo, porque él se consideraba, antes que un literato, un filósofo. A pesar de la no aceptación, en contra de la voluntad de los aludidos, la academia los siguió considerando como Premiados.
Lo contrario sucede con los Premios Nóbel de Literatura que casi nadie los conoce, menos los leen. Hagamos el esfuerzo supremo de recordar a estos casi ilustres desconocidos. El francés Federico Mistral (1830-1914), los españoles José Echegaray (1832-1916) y Jacinto Benavente (1866-1954), la alemana Nelly Sachs (1891-1970) y la italiana Grazia Deledda (1871-1936), etc. Algunos se preguntan: ¿Cuales fueron los méritos de los mencionados para que se les haya otorgado dicho premio? El motivo es sencillo. Fedor Dostoyevski (1821-1881), exagerando un poco, adelantándose décadas a estos laureados personajes y a su inmerecida gloria, escribió: “Hemos coronado de laurel cabezas piojosas.” (Dostoyevski 1984: 52)
Luego hay otro grupo de escritores premiados que apenas son leídos, en la mayoría de los casos por obligación, en sus respectivos países. Al pasar el tiempo se van deslizando sobre un plano inclinado al lugar que ocupan las “…cabezas piojosas”. La mayoría de los nueve Premios Nóbel de habla hispana corren, aceleradamente, en dirección del inefable olvido.
Como corolario se puede afirmar, en torno a la mayoría de los galardonados que fueron premiados, que no lo merecieron. No fueron premiados muchos de los que sí lo merecieron. En la lista están muchos de los que no deberían estar. No están muchos de los que deberían estar.
Hagamos algunas atingencias en el caso de Vargas Llosa. En su obra no se expresa el dolor-optimismo humano que se cobija en los poemas de César Vallejo. No se encuentra la formidable capacidad de síntesis-imaginación plasmada en los cuentos de Jorge Luis Borges. No existe la desbordante fantasía que transpira la obra de Gabriel García Márquez. Sólo mencionamos a tres paisanos suyos que han escrito en el mismo idioma que él. Como poeta, como cuentista y como novelista, Vargas Llosa está bastante rezagado de los mencionados.
Él, como un gran técnico del idioma, como “ingeniero de la literatura”, seguirá siendo leído por un público amplio mientras viva. Luego de tres o cuatro décadas, quedará reducido al mundo de los especialistas. El motivo esencial es que en ninguna de sus obras palpitan las luces-sombras que bullen en el alma humana. Este cruce de caminos de las grandezas-miserias humanas es el demiurgo fundamental que hace imperecederos a los escritores de valor.
En otras palabras, por carecer de ese amasijo esencial de la singularidad-generalidad-espiritualidad, se irá desvaneciendo al correr del tiempo. Las ventas garantizan la popularidad sin duda alguna. Pero no es condición para la perdurabilidad. Esto sólo es consecuencia de la profunda espiritualidad humana, amalgamada con la belleza, que toda gran obra literaria normalmente sintetiza.
Sólo la técnica depurada, sólo la belleza sublimada, dice poco, frecuentemente nada. Si las aislamos de las vivencias del quehacer humano, la técnica por la técnica, la belleza por la belleza, caen en el vacío. Diferente es cuando el arte-técnica engendra vida. En la medida que la vida es la fuente de toda fantasía. La vida es el amasijo donde germinan los sentimientos humanos más profundos. La vida es el rincón donde moran los altos ideales humanos. Lo afirmado fue sintetizado por André Malraux (1901-1976), en la Condición humana, en estos términos: “Hay que introducir los medios del arte en la vida, amigo mío; no para hacer arte, ¡ah, no, por Dios!, sino para hacer más vida.” (Malraux 2003: 255)
El espinoso camino transitado por los grandes escritores, Vargas Llosa ha intentado recorrerlo y se ha quedado en un recodo. Nos referimos al esfuerzo emocional, unido a la proeza mental, que partiendo del sentimiento-fantasía se eleva hasta el concepto-razón. Luego, amalgamado por la alquimia estética, vuelve a recorrer el mismo camino, pero en sentido inverso. Del concepto-razón al sentimiento-fantasía. En otros términos, de la sustancia se eleva a la trascendencia. De la trascendencia vuelve elevarse a otra sustancia la que, sin perder del todo su condición anterior, ya no es la misma porque en potencia es otra. Y así sucesivamente hasta el infinito.
Si tomamos en cuenta estos antecedentes, el caso de Mario Vargas Llosa con su Premio Nóbel de Literatura 2010, no debe llamarnos mucho la atención. No necesariamente los premiados son quienes merecen el galardón. De igual modo, tampoco es condición que los premiados pasen a formar parte de los clásicos de la literatura universal. El susodicho dispone de una excelente técnica literaria. Él es un trabajador incansable del idioma. Estos méritos no son suficientes para que su obra perdure por décadas o por generaciones, necesariamente.
Finalmente deseamos mencionar que los referentes espaciales de su recorrido literario han ido de lo singular, pasando por lo general, hasta llegar a lo universal. La primera etapa se circunscribió a su país de origen. Luego pasó al continente americano. De éste dio el salto al mundo.
Desde el año 1959, que publicó su primer libro, hasta el año 1978, su referente geográfico fue el Perú en sus tres regiones naturales. El año 1981 se trasladó a otra parte del continente (al Brasil), cuando publicó La guerra del fin del mundo. Luego continuará en la República Dominicana, en el año 2000, con La fiesta del chivo. Mientras que, a partir de El paraíso en la otra esquina (2003), sus espacios referenciales serán diferentes zonas del planeta, especialmente Europa. En otras se prolonga al Lejano Oriente, como en La chica mala. Finalmente, en Las memorias del celta (2010), son comprendidos tres continentes: Europa, África y América.
Por el lado del tiempo, éste siempre es variado, en la medida que la mayoría de sus historias narradas obedecen a experiencias personales y hechos histórico-sociales tangibles. Con respecto a sus personajes, todos son de carne y hueso que fluctúan entre delincuentes, prostitutas, perversos, malvados, mataperros, soldados, revolucionarios, homosexuales, predicadores, dictadores, aventureros, etc. En pocas palabras, la mayoría son seres excluidos del orden. Elementos marginales de la sociedad formal.
Un hecho que caracteriza a muchos personajes en las obras de Vargas Llosa es una rara combinación de tipos frustrados (El Jaguar, Fuchin, Zavala, El Consejero, Mayta, etc. Por otro lado, son personajes progresistas, de izquierda y hasta comunistas (Huamaní, Asunta, las Mirabal, etc.) En la etapa que al autor se consideraba, y era considerado de izquierda, la mayoría de sus personajes tenían las características de los primeros. Mientras que en su etapa declaradamente conservadora, aparecen muchos personajes con las características de los segundos.
Esto demuestra, una vez más, que el arte y la política, más aún si éstas son revolucionarias, no siempre caminan en contradictoria-armonía. Por el contrario, frecuentemente, sus caminos se anteponen, se sobreponen y hasta se bifurcan. Son muy pocos los que han logrado sintonizar, con un mínimo de sacrificios mutuos, ser revolucionario en el arte y la política o ser revolucionarios en la política y el arte. G. Büchner, H. Heine, H. Mann, B. Brecht, C. Vallejo, M. Benedetti podrían ser algunos de sus mayores exponentes.
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